República Dominicana.- El colega periodista Edward Ramírez cayó preso junto a otras dos personas que lo acompañaban en el Centro Olímpico el 31 de julio del presente año. Hasta hoy no se han revelado con claridad los nombres o vínculos de esos acompañantes, y menos quién fue la persona con quien, según se dice, ocurrió un enfrentamiento a pedradas.
¿Es un secreto guardado? Falta una pieza clave del enfrentamiento que no se menciona y que podría cambiar totalmente la lectura del caso.
A este rompecabezas le sobran preguntas y le faltan respuestas: ¿Qué hacían exactamente en esa zona oscura y boscosa? ¿Por qué Edward, en vez de comunicarse con su familia, optó por contactar personas con rango militar? Y sobre todo: ¿por qué no notificó a su familia desde el inicio?
La versión oficial también tiene huecos. La Policía permitió que Edward hiciera al menos tres llamadas (una cuarta fue intentada sin éxito) y afirma que estos intentos coinciden con lo relatado por él. Sin embargo, Edward insiste en que durante horas estuvo incomunicado y que el contacto con familiares fue obstaculizado, generando suspicacias sobre si hubo intervención directa de los agentes.
Además del fallo institucional —mantenerlo detenido sin notificación familiar—, el encargado del destacamento de Naco, el teniente coronel Jhonny González, ofreció disculpas públicas a Ramírez. Admitió que si hubo discrepancia o mal manejo, merecía una explicación y expresó su disposición a dialogar “en otras condiciones” incluso mencionando que le gustaría ser su amigo.
Las críticas no se hicieron esperar: figuras públicas y comunicadores calificaron el hecho como irregular y hasta como “secuestro policial”.
El comunicador Pedro Jiménez denunció la falta de información y el ocultamiento del paradero; el comentarista Félix Rubio condenó la actuación arbitraria de los agentes; y otros acusaron al Estado de actuar con opacidad en un caso que golpea la libertad de prensa.
Incluso algunos senadores se han pronunciado contra las acciones de la Policía, advirtiendo que este tipo de procedimientos violan derechos fundamentales y dañan la credibilidad institucional.
El Centro Olímpico continúa fuera de control. Se reportaron recientes episodios de destrucción y derribos de árboles que, según se dice, ni el ministro de Deportes Kelvin Cruz —quien tiene su oficina allí— estaba al tanto, aunque la población sí observó y comentó lo ocurrido. En el Estado dominicano se reviven con crudeza los tiempos de Pinocho.














Yo paso por ahí todos los días y da pena cómo está ese lugar. De ser un espacio para el deporte y la juventud, ahora parece un mercado improvisado y un parqueo gigante. ¿Y las autoridades? Brillan por su ausencia.
El Centro Olímpico era símbolo de orgullo nacional. Hoy está secuestrado por el desorden, los negocios informales y la dejadez. ¿Dónde están los millones que se asignan al deporte?
El deterioro del Centro Olímpico refleja el abandono generalizado del deporte en el país. Sin seguridad, sin mantenimiento, y con espacios invadidos. No puede seguir así.
Lo usan para todo, menos para lo que fue diseñado. Conciertos, ferias, carros por todos lados… y los atletas buscando dónde entrenar. Es una burla.
A mí me huele a que están tapando a alguien con rango, porque cuando es un pobre, hasta la cédula te publican.
Ese relajo en el Centro Olímpico da miedo, y más si ni el mismo ministro sabe lo que se mueve ahí. Tamos feos pa’ la foto.
Si a un periodista lo trancan sin avisarle a su familia, ¿qué queda pa’ uno? Este país va pa’ atrás como el cangrejo.
Yo no me como ese cuento, ¿cómo que un periodista preso y nadie sabe con quién estaba? Aquí hay gato entre macuto.
A mí que no me digan, ese caso de Edward hiede a maco muerto y nadie quiere destaparlo, como si el pueblo fuera pariguayo.
Se nota que ni el ministro ni nadie del Gobierno va al Centro Olímpico. Porque si fueran, vieran el desastre en que se ha convertido esa zona.
Lo que era un espacio de orgullo pa’ el deporte hoy parece un terreno baldío. Ni sombra de lo que fue, y nadie se atreve a meterle mano.
El Centro Olímpico está más perdido que el plan de seguridad ciudadana. Y mientras tanto, los atletas entrenan entre basura y miedo.
¡Deporte pa’ quién! Si eso está lleno de monte, delincuencia y destrucción. El único récord que se rompe ahí es el de la desidia del Gobierno.
Talan árboles, arman desorden, y nadie sabe quién lo ordenó. El Centro Olímpico hoy es un símbolo de abandono estatal en HD.
Ahí hay más apagones que luces, más vagos que deportistas y más misterio que en un capítulo de CSI. ¡Y to’ el mundo mirando pa’ otro lado!
Señores, ese centro ya no es olímpico, es caótico. No hay seguridad, no hay orden, no hay autoridad. ¿Y Kelvin Cruz? Ni sabe lo que pasa al lado de su escritorio.
Ese Centro Olímpico parece un parque abandonado, con más árboles tumbados que atletas entrenando. Y nadie da la cara, como siempre.
El Centro Olímpico se ha vuelto tierra de nadie: monte, delincuencia, y desorden por donde quiera. ¿Y el ministro de Deportes? Como si estuviera jugando dominó en la oficina.
No sabemos quién lo acompañaba ni con quién fue la supuesta trifulca a pedradas pero sí sabemos que lo tenían incomunicado y eso señores eso se llama secuestro y punto
Esto está más confuso que un expediente en la Procuraduría… ¿qué esconden?