República Dominicana. – Diecisiete años después de aquella tormenta de apagones que marcó al país, el fantasma regresa más vivo que nunca. La gran promesa de la Central Termoeléctrica Punta Catalina, encendida en 2018 como “la salvación definitiva”, hoy se desploma en pedazos. La planta salió de operación, otras generadoras se apagaron y lo único que se encendió fue la indignación popular.
Las protestas no se hicieron esperar. Desde Santiago Rodríguez hasta San Francisco de Macorís, pasando por Puerto Plata y Bonao, la gente salió a las calles, encendió gomas y levantó pancartas contra lo que consideran un abuso: tandas de apagones de más de ocho horas, justo en medio de las noches más calientes del año.
Leonel Fernández no desaprovechó la coyuntura. Acusó al gobierno del PRM de condenar al país a “vivir en la oscuridad” y recordó que durante su gestión “el servicio eléctrico estaba resuelto”. Con tono desafiante, lanzó un mensaje directo: “Prepárense sus maletas, porque en el 2028 e’ pa’ fuera que van”.
El líder opositor también ironizó con las excusas oficiales. ¿Qué causan los apagones? ¿El sargazo, el calor, una turbina rota? La narrativa del gobierno cambia cada semana, pero la realidad de los dominicanos sigue siendo la misma: velas encendidas, abanicos apagados y comida dañada en la nevera.
Lo curioso es que hasta figuras del arte como Ricardo Montaner y Toxic Crow han expresado su frustración en redes sociales, sumándose al coro nacional de quejas. La crisis eléctrica dejó de ser un tema político o económico: hoy es un drama cotidiano que golpea por igual a barrios populares y residenciales de clase media.
Aunque el presidente Abinader visitó Punta Catalina y aseguró que la central ya volvió a operar, la realidad en Santo Domingo Norte y Santo Domingo Este desmiente el discurso. Los apagones siguen, y la irritación también.
Celso Marranzini, presidente del Consejo Unificado de las EDE, salió en televisión a prometer que “para finales de este año todo estará resuelto”. Pero en las calles el mensaje es otro: el pueblo no cree en sus palabras y ya pide su salida. Para la gente, Marranzini simboliza la burla de prometer luz mientras se vive en tinieblas.
Al final, los apagones no son solo un problema técnico ni de turbinas, son un reflejo del fracaso de las autoridades en cumplir con la promesa más básica: garantizar luz en pleno siglo XXI. El pueblo ya no quiere explicaciones ni plazos, quiere soluciones reales.













Las protestas son justas, nadie aguanta apagones de ocho horas.
Punta Catalina era “la salvación” y terminó siendo otro fracaso.
El pueblo está cansado de tantas mentiras, queremos soluciones.
Prometen luz, pero lo que dan es más oscuridad y excusas.
Cada apagón es un recordatorio de que seguimos en lo mismo de siempre.
El pueblo quiere luz… y quiere que Marranzini se vaya de una vez
Si Marranzini fuera tan eficiente como sus discursos, ya tendríamos luz 24/7
Cada apagón es un recordatorio de que el Gobierno improvisa y nosotros pagamos el precio
Cuántos megavatios más necesitamos para que alguien deje de jugar con el pueblo?
La energía eléctrica es un derecho, pero aquí parece un privilegio de las promesas
Dicen que la luz vuelve, pero yo solo veo excusas brillando más que los focos
Marranzini en Palacio y el país en la oscuridad… ¿quién está trabajando aquí?
Apagones de 8 horas y facturas que parecen una broma de mal gusto
Promesas y más promesas… ¿algún día veremos luz de verdad?
Mientras Marranzini habla de soluciones, nosotros seguimos alumbrándonos a velas
Si no resuelven, el 2028 será un voto de castigo seguro.
Hasta los artistas se quejan, eso dice mucho de la crisis.
La luz se va más que el agua, el pueblo está cansao ya.
El calor y los apagones son una tortura diaria, nadie da respuesta.
Tanta inversión en Punta Catalina y estamos igualitos que antes.