República Dominicana.– En un país donde los apagones siguen siendo rutina, el Metro de los Alcarrizos avanza a paso de tortuga y los hospitales se sostienen con lo mínimo, hay una obra que nunca conoce retrasos ni cortes de cinta: la nómina pública.
Entre mayo de 2024 y mayo de 2025, el Estado dominicano engrosó su plantilla con 23,382 empleados más, lo que representa un aumento del 3.2% en apenas un año. Según la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (Sisalril), en promedio 85 nuevos trabajadores entran cada día al aparato estatal, como si la administración pública tuviera su propio Black Friday de nombramientos.
La paradoja es evidente: mientras la ciudadanía se queja de ventanillas que no resuelven nada, duplicidad de funciones y burocracia interminable, el Estado parece convencido de que la solución está en sumar más personal. Como si la receta mágica para mejorar un servicio fuera poner más manos a no hacer nada.
La pregunta es obligada: ¿responde este crecimiento a un esfuerzo real de fortalecer instituciones o a un clientelismo que se disfraza de política pública en tiempos de campaña?
Lo que sí está claro es que cada nuevo nombramiento implica mucho más que un sueldo: también genera compromisos en beneficios y pensiones, en un sistema que ya carga con una mochila pesada.
La República Dominicana puede quedarse sin luz, sin agua y sin aulas dignas, pero hay algo que nunca falla: la nómina pública, ese motor que nunca se apaga, esa fábrica de botellas que produce más que cualquier generadora del sistema eléctrico nacional.














Ese generador no solo nunca falla, también cada año aumenta su potencia.
Mientras tanto, los apagones siguen, pero la nómina pública bien encendida.
El verdadero sistema energético dominicano: botellas, contratos y privilegios.
Es increíble cómo para pagar botellas nunca hay crisis, pero para arreglar un hospital siempre hay excusas.
Cada nuevo nombramiento es un voto seguro en campaña, por eso la nómina nunca se retrasa.
Con esa misma velocidad deberían construir aulas y mejorar la energía, no solo aumentar la nómina.
El Estado se ha convertido en el mayor empleador de botellas del Caribe.
Nombran gente todos los días, pero el servicio sigue igual de malo. ¿Dónde está la eficiencia?
La verdadera fábrica del Estado no son las escuelas ni los hospitales, es la nómina inflada.
Con tantos nombramientos y tanta burocracia, lo raro es que no se nombre a alguien solo para prender y apagar la luz de una oficina vacía.
El clientelismo es el único ministerio que funciona en este país, ese nunca falla.
Mientras el pueblo se jode con apagones y falta de servicios, ellos inventan empleos para buscar votos.
Eso no es nómina, eso es un supermercado de botellas. Todo el mundo cobra y nadie hace nada.
Siempre hay dinero para nombrar gente, pero nunca para arreglar los hospitales ni las escuelas. Pura política barata.
El Estado se está volviendo un colmado lleno de dependientes sin clientes
Aquí el único sistema eléctrico que no falla es el de los nombramientos
Cada botella es un compromiso futuro que después paga el pueblo
Mientras tanto los hospitales sin insumos y las escuelas sin cupo
El clientelismo es la verdadera fábrica que no cierra ni en huelga
Ese crecimiento huele más a campaña que a fortalecimiento institucional