Setenta años después del golpe militar que derrocó a Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955, el peronismo sigue siendo un actor clave en la política argentina y se perfila como la principal barrera frente al auge del ultraderechista Javier Milei.
Aquel golpe marcó un largo exilio para Perón y la prohibición durante casi dos décadas de cualquier referencia a su figura, a Eva Duarte y al Partido Justicialista. La represión incluyó el secuestro del cuerpo de Evita y la persecución sistemática de sus seguidores. A pesar de ello, el peronismo se consolidó como un movimiento político de masas, inspirado en modelos latinoamericanos como los de Getúlio Vargas y Lázaro Cárdenas.
El movimiento surgió con un enfoque en la integración del movimiento obrero y la protección de los derechos laborales, y ha mantenido una fuerte presencia social y política desde entonces. Según especialistas, el peronismo se distingue por su capacidad de adaptación, logrando mantenerse vigente a través de múltiples períodos democráticos y resistiendo intentos de proscripción y cooptación.
Actualmente, el peronismo se proyecta como alternativa electoral sólida frente a Milei. En las recientes elecciones legislativas de Buenos Aires, la coalición liderada por el gobernador Axel Kicillof venció al partido de Milei por más de 13 puntos, consolidando al Justicialismo como la fuerza dominante en la provincia que concentra el 40 % del electorado nacional.
Con Cristina Fernández al frente del partido y Kicillof posicionado como posible candidato presidencial en 2027, el peronismo busca reafirmar su legado político y social en la Argentina contemporánea.












