Durante la inauguración del 80.º período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, líderes internacionales se reunieron este martes en Nueva York para abordar la creciente crisis de seguridad en Haití.
La cita fue organizada por Haití, Kenia y Estados Unidos, y estuvo presidida por el mandatario keniano William Ruto, el presidente del Consejo Presidencial de Transición haitiano, Laurent Saint-Cyr, y el subsecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau.
Saint-Cyr destacó la valentía de la Policía Nacional de Haití, las Fuerzas Armadas y los contingentes internacionales desplegados, pero advirtió que la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MMAS) carece de personal, equipamiento y financiamiento suficientes. Resaltó la urgencia de transformar la MMAS en una Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) con mandato más robusto y mayores recursos para frenar el poder de fuego de los grupos criminales.
William Ruto coincidió en la necesidad de recursos estables y criticó que parte del equipo entregado fuese de segunda mano y se averiara durante su uso, poniendo en riesgo a los efectivos. “Una misión de seguridad no puede sostenerse con caridad ni improvisaciones; requiere objetivos claros, un mandato sólido y recursos predecibles”, señaló.
Por su parte, Christopher Landau respaldó la propuesta de Estados Unidos y Panamá para crear la GSF, cuyo objetivo sería recuperar territorios, garantizar la seguridad de infraestructuras clave y lanzar operaciones contra los grupos armados. Subrayó la importancia de que el Consejo de Seguridad apruebe la resolución antes del 2 de octubre, fecha en que finaliza el mandato del MMAS.
En paralelo, Saint-Cyr sostuvo encuentros bilaterales con funcionarios de la ONU y la OEA, reforzando la cooperación internacional para enfrentar la crisis de Haití.










Si se consolida la misión híbrida como se propone, se podría detener el flujo de armas ilícitas y apoyo logístico a las pandillas. Eso es algo que hasta ahora ha sido un cuello de botella: mientras no haya un control internacional claro, esas redes siguen operando libremente.
El riesgo es que este fortalecimiento de la misión venga sin una estrategia clara para involucrar a la sociedad civil haitiana. Si no se hace con participación local, corre el peligro de generar resentimientos o dependencia.
No es solo cuestión de armas o policías en las calles. La seguridad tiene raíces sociales: pobreza, desempleo, falta de servicios básicos. Esta misión tendrá más probabilidad de éxito si va acompañada de apoyo económico, humanitario y programas de reconstrucción. De lo contrario, las bandas volverán a llenarse de nuevos reclutas.
Transformar la MSS en una misión híbrida suena bien en papel, pero habrá muchas cuestiones prácticas: ¿Quién pagará? ¿Cómo se evitarán los abusos? ¿Cómo se garantiza la transparencia? Si la comunidad internacional no responde con compromisos claros, podría quedarse en promesas