El recién instalado gobierno de Perú intenta calmar las aguas suspendiendo al jefe policial de Lima, tras una jornada de protestas que dejó un muerto y más de un centenar de heridos. Sin embargo, la medida parece más un intento de limpiar la imagen del Ejecutivo que de asumir responsabilidades reales por la represión.
Las manifestaciones, encabezadas por jóvenes de la Generación Z, reflejan el hartazgo generalizado ante una clase política que se recicla en medio de la peor crisis de inseguridad en años. El nuevo presidente, José Jerí, apenas lleva una semana en el cargo y ya anuncia un estado de emergencia que militarizará Lima y el Callao, afectando a más de 10 millones de personas.
Mientras tanto, la muerte del rapero Eduardo Ruiz a manos de un suboficial policial —hoy detenido— pone nuevamente en tela de juicio la brutalidad con que el Estado responde al descontento social. La ONU, por su parte, ha recordado al gobierno que el uso de la fuerza debe ser “excepcional”, aunque en Perú ese principio parece letra muerta.
Paradójicamente, el gobierno que promete enfrentar la violencia lo hace con más violencia. En nombre de la “seguridad”, el nuevo mandatario concentra poder y busca callar las voces que piden algo simple: justicia y dignidad.











la juventud peruana está cansada igual que en muchos países que los políticos solo piensan en ellos
suspender al jefe policial suena más a pantalla que a justicia real
ese presidente nuevo empezó mal porque responder con represión nunca arregla nada