La Haya.– Los Países Bajos viven horas de máxima tensión política tras un resultado electoral sin precedentes. Con el 99,7 % de los votos escrutados, el progresista D66 y el ultraderechista Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilders empataron en las elecciones generales, con el 16,9 % y el 16,7 % de los votos respectivamente, lo que se traduce en 26 escaños cada uno en la Cámara baja, según datos de la agencia ANP.
Se trata de la primera vez en la historia neerlandesa que dos fuerzas políticas quedan empatadas en el liderazgo nacional. Ante el empate técnico, el Parlamento decidió aplazar hasta el próximo martes la designación del negociador encargado de iniciar las conversaciones para la formación del nuevo gobierno.
El proceso debía comenzar este viernes, pero los líderes partidarios acordaron esperar el recuento definitivo de votos, antes de definir quién encabezará las negociaciones.
El líder del D66, Rob Jetten, celebró el histórico resultado de su partido —que gana 17 escaños respecto a la legislatura anterior— cortando un pastel junto a simpatizantes en el Parlamento.
“Este es el mejor resultado para D66 en toda su historia”, dijo Jetten, entre cánticos de “Het kan wel” (“Es posible”).
Por el contrario, el PVV de Wilders retrocede 11 escaños y enfrenta un panorama político adverso. El polémico dirigente, conocido por su discurso antiislámico, exigió suspender cualquier negociación hasta que el conteo sea definitivo.
“La diferencia es mínima. Mientras no haya un 100 % de claridad, ningún representante de D66 podrá iniciar conversaciones”, advirtió.
Wilders pretende liderar la formación del nuevo gobierno, aunque la mayoría de los partidos tradicionales ya descartaron pactar con él, al considerarlo un socio poco confiable tras haber provocado la caída del anterior gabinete por diferencias migratorias.
Según el politólogo Henk van der Kolk, el resultado “podría ser simbólicamente importante, pero no decisivo”. El académico sugiere que la salida más viable sería una coalición centrista integrada por el D66, el bloque laborista-verde, los democristianos y la derecha liberal del VVD.
Sin embargo, el mapa político neerlandés muestra un avance del populismo, con el partido JA21 pasando de 1 a 9 escaños. La investigadora Armida van Rij advirtió que “este resultado no marca el fin del populismo en los Países Bajos, sino una nueva etapa de fragmentación”.
La campaña electoral estuvo marcada por protestas y episodios de violencia, incluido el ataque con piedras a la sede de D66 en La Haya durante una manifestación antimigratoria.
“Una nación que solía ser símbolo de tolerancia”, tituló el diario De Volkskrant, que advierte sobre la creciente polarización social que atraviesa el país.
Por ahora, el D66 mantiene una ventaja de apenas 15.155 votos sobre el PVV, una diferencia que podría variar con los últimos conteos.
El desenlace podría redefinir el futuro político de Países Bajos y marcar un nuevo capítulo en la lucha entre el liberalismo progresista y la ultraderecha nacionalista en Europa.













