Moscú.– Vladímir Putin ha logrado colocarse nuevamente en el centro del radar de Washington. Para ello, el Kremlin desplegó una serie de demostraciones nucleares que, según analistas, buscan enviar un mensaje directo al presidente estadounidense Donald Trump: la guerra en Ucrania no es el verdadero problema, sino el colapso inminente del equilibrio nuclear global.
La estrategia rusa se intensificó luego de que Trump anunciara la reanudación de pruebas con armas nucleares, decisión que Moscú calificó como un riesgo para la estabilidad internacional. El secretario del Consejo de Seguridad, Serguéi Shoigú, respondió este jueves que Rusia se opone “categóricamente” a nuevos ensayos estadounidenses y advirtió que la degradación del sistema de control nuclear podría volverse irreversible.
Una semana de poder nuclear en modo exhibición
El Kremlin reaccionó con una serie de maniobras cuidadosamente sincronizadas. Primero, Putin dirigió ejercicios de las fuerzas estratégicas rusas por tierra, mar y aire, que incluyeron el lanzamiento del misil intercontinental Yars. Luego reveló una prueba del misil de crucero nuclear Burevéstnik, de alcance prácticamente ilimitado, realizada el mismo día en que se canceló la reunión prevista entre él y Trump.
Días después, el mandatario anunció también el ensayo del submarino no tripulado Poseidón, un arma diseñada para generar daños masivos. Legisladores rusos se apresuraron a amplificar el mensaje: “no existe defensa posible”, afirmó el jefe del comité de Defensa de la Duma, Andréi Kartapólov.
Un mensaje para Washington, no para Kiev
Expertos coinciden en que ninguno de estos movimientos estaba dirigido a Ucrania. El objetivo es advertir a EE.UU., que recientemente impuso nuevas sanciones contra dos gigantes petroleros rusos, Rosneft y Lukoil. Moscú insiste en que sus armas hipersónicas “no tienen análogos” y hacen inútil el escudo antimisiles estadounidense, aunque especialistas como Pável Podviga recuerdan que buena parte de ese arsenal aún no está operativo.
La apuesta: retomar el diálogo sobre el START III
El Kremlin busca presionar para que EE.UU. retorne a la mesa de negociaciones antes de que expire en 2026 el último acuerdo de desarme vigente, el START III. Trump, por su parte, insiste en incluir a China en cualquier nuevo pacto. Putin propuso una extensión de un año, convencido de que para entonces la guerra en Ucrania estará resuelta bajo sus condiciones.
Los “halcones” celebran la escalada
Las figuras más radicales del establishment ruso han recibido con entusiasmo esta demostración de fuerza. Dmitri Medvédev celebró públicamente la prueba del Burevéstnik y volvió a lanzar amenazas incendiarias. Incluso llegó a sugerir la destrucción de Bélgica como “sitio de prueba”, respondiendo provocadoramente a un comentario en redes sociales.
Mientras tanto, Shoigú aseguró que Rusia solo haría ensayos nucleares si otras potencias dan el primer paso y recordó que el polígono de Nueva Zembla está plenamente operativo.













lo nuclear no es un relajo eso puede acabar con todo
Putin y Trump están jugando con fuego y el mundo mirando
ese pleito entre potencias huele a peligro mundial
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