Miles de beduinos árabes en el desierto del Néguev, al sur de Israel, enfrentan una ola de demoliciones y desalojospromovida por las autoridades israelíes. De las 47 aldeas existentes, solo 11 están reconocidas oficialmente; el resto son consideradas ilegales y corren el riesgo de desaparecer bajo las excavadoras del Estado.
En la aldea de Al Sira, el activista y abogado Jalil Al Amur denuncia que las familias están perdiendo “lo más básico y esencial: su techo”. Los residentes aseguran que los planes del Gobierno buscan forzarlos a trasladarse a municipios designados, destruyendo su vínculo ancestral con la tierra y su modo de vida nómada.
“Nos hacen firmar acuerdos que prometen modernidad, pero al final perdemos la tierra y la libertad”, expresó Salem Abu Asa, habitante de Bir Jadaj. Otro residente, Ismail Abu Hlel, cuya aldea fue arrasada en 2024, recuerda cómo su comunidad fue destruida y obligada a reconstruirse entre escombros.
Los beduinos, de religión musulmana y con ciudadanía israelí, representan el 3,5 % de la población del país. Sin embargo, aseguran vivir bajo un sistema discriminatorio, con acceso desigual a la tierra y los servicios.
De acuerdo con el Consejo Regional para las Aldeas no Reconocidas del Néguev (RCUV), más del 96 % del territorio agrícola está destinado a comunidades judías, mientras que los beduinos apenas disponen del 3,7 %.
Pese a servir incluso en el Ejército israelí, muchos dicen sentirse ciudadanos de segunda categoría. “Nos dicen que sirvamos al país, pero luego nos destruyen las casas”, lamentó Abu Asa, quien se resiste a abandonar el desierto.
“Solo queremos vivir según nuestra tradición beduina, sin que el Estado nos arrebate nuestra forma de vida”, concluyó.













“Eso es una lucha desigual, mano, el más grande siempre imponiéndose.”
“La gente viviendo ahí por generaciones y ahora dicen que es ilegal, increíble.”
“Wow, eso sí es fuerte… borrando pueblos enteros como si na’.”