Cinco meses. Ese es el tiempo que lleva Puerto Príncipe hundida en una oscuridad que ya no es solo eléctrica, sino institucional. La central hidroeléctrica de Péligre —el corazón energético del país— está paralizada desde junio, pero el Gobierno haitiano sigue actuando como si la luz se fuera a encender sola por milagro o por inercia. Nada más lejos de la realidad.
Pierre Michel Félix, representante de los trabajadores eléctricos, lo dijo: nadie en el Gobierno ha movido un dedo. Ni evaluación de daños, ni plan de reparación, ni cronograma, ni siquiera una visita. Lo único que abunda es el silencio… y los apagones.
Mientras tanto, los postes de alta tensión saboteados siguen ahí, tirados como símbolo perfecto de un Estado que no puede —o no quiere— sostener ni su propio cableado.
La Empresa Eléctrica Nacional de Haití (EDH) intentó explicar el caos: la central de Péligre está fuera de servicio, la planta E-Power apenas produce un tercio de lo que debería y cinco subestaciones han sido saqueadas por bandas criminales. Si la electricidad fuera un cuerpo humano, Haití estaría en cuidados intensivos… pero sin médicos a cargo.
Y mientras el país se hunde en la noche eterna, la pregunta más simple sigue sin respuesta:
¿Qué espera el Gobierno para actuar? ¿Que la central colapse por completo? ¿Que la ciudad quede a merced de las bandas sin siquiera una bombilla encendida?
La oscuridad no solo afecta la vida diaria; afecta la seguridad, la economía, los hospitales, las escuelas y cualquier intento de normalidad. Pero parece que la élite política haitiana ha logrado una hazaña monumental: acostumbrarse a gobernar sin luz.
Porque la tragedia no es solo que Puerto Príncipe esté apagada. La tragedia es que también están apagados quienes deben resolverlo.














Sin plan, sin fecha y sin vergüenza… así no hay sistema que aguante.
Péligre dañao’ y el Gobierno en modo avión.
Puerto Príncipe lleva cinco meses así y nadie da la cara. Increíble.
Esa oscuridad es eléctrica, política e institucional. Un combo fatal.
El silencio del Gobierno duele más que la falta de luz.
Si no revisan la central, ¿cómo rayos piensan prenderla? ¿Por espíritu santo?
Haití en tinieblas y sus autoridades brillando… pero por la ausencia.
Ni una visita, ni un plan… parece que esperan que Dios baje y conecte los cables.
Péligre apagao’ y el Gobierno como si nada. ¿Y la responsabilidad? Bien, gracias.
Cinco meses sin luz… eso no es apagón, eso es abandono total.