Cada 2 de diciembre se conmemora el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud, fecha que marca la adopción por parte de la Asamblea General de la ONU del Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena.
Aunque este instrumento fue aprobado hace más de siete décadas, la organización advierte que la esclavitud no es un problema del pasado: sus formas modernas continúan afectando a millones de personas en todo el mundo.
Estas nuevas manifestaciones de esclavitud incluyen situaciones en las que individuos o grupos se aprovechan de la vulnerabilidad económica de otras personas para hacerles firmar contratos o aceptar condiciones de trabajo que, en la práctica, les impiden recuperar su libertad. Aunque estos acuerdos puedan presentarse como legales o ajustados a normas comerciales, son completamente ilícitos, ya que violan derechos humanos fundamentales que están por encima de cualquier marco contractual.
Para quienes terminan atrapados en estas dinámicas, salir de ellas se vuelve extremadamente difícil. El miedo a ser deportados —en el caso de migrantes en situación irregular—, las amenazas contra sus familias, las extorsiones o la esperanza de recibir una compensación prometida, provocan que muchas víctimas permanezcan en condiciones de explotación sin atreverse a denunciar.
En este día, la ONU recuerda la urgencia de identificar, denunciar y erradicar cualquier forma de esclavitud moderna, y llama a los Estados y a la sociedad a garantizar la protección y recuperación de quienes la padecen.











En pleno 2025 y aún hay cadenas invisibles.
La ONU habla bonito, pero en el mundo siguen explotando gente
Un día pa’ recordar que la esclavitud no es historia, todavía sigue disfrazá