Nuevos choques armados entre Tailandia y Camboya dejaron al menos cinco muertos y 16 heridos, en lo que ya es el episodio más grave desde julio, cuando ambos países habían detenido las hostilidades tras una mediación impulsada por Donald Trump.
El Ejército tailandés confirmó que lanzó ataques aéreos contra objetivos camboyanos, mientras Phnom Penh denunció que cuatro civiles murieron y otros nueve resultaron heridos por los bombardeos. Tailandia, por su parte, reportó la muerte de un soldado y siete heridos por fuego atribuido a fuerzas camboyanas.
Las tensiones se reactivaron desde el domingo, cuando un intercambio de disparos dejó dos militares tailandeses heridos. El clima de violencia ha provocado miles de desplazados en comunidades cercanas a la frontera, una línea de 820 kilómetros marcada en 1907 por las autoridades coloniales francesas y que sigue siendo foco de disputas históricas.
El Ejército tailandés justificó sus operaciones aéreas como una “respuesta” a ataques previos desde Camboya, acusando a Nom Pen de iniciar los tiroteos, algo que el Gobierno camboyano niega rotundamente.
Ambos países ya enfrentaron en julio cinco días de hostilidades que terminaron con un alto el fuego firmado en Malasia, mediado por Estados Unidos y con China como testigo. Ese acuerdo fue reforzado en octubre, pero quedó en suspenso en noviembre cuando el primer ministro tailandés, Anutin Charnvirakul, anunció su paralización temporal.
Los ataques registrados este lunes suponen una violación directa del pacto impulsado por Trump, a quien Camboya incluso llegó a proponer para el Premio Nobel de la Paz por su rol en la negociación.
En esta nueva oleada, Camboya denunció disparos contra tres provincias fronterizas con población civil —Preah Vihear, Oddar Meanchey y Beanteay Meanchey— mientras Tailandia asegura que sus objetivos han sido únicamente infraestructura militar y depósitos de armas.
La tensión regresa en un momento políticamente delicado para ambos gobiernos: Tailandia enfrenta críticas por su manejo de las inundaciones en el sur y la fragilidad del Ejecutivo de Anutin, mientras Camboya lidia con presión internacional por la proliferación de redes criminales en su territorio.














Esa frontera vive caliente como si no hubieran firmado nada
Cinco muertos y dieciséis heridos eso no es una simple escaramuza
Ay dios mío Tailandia y Camboya otra vez entraron en lío