El gobierno cubano reconoció este viernes que la incautación de un petrolero por parte de Estados Unidos frente a las costas de Venezuela tendrá “un impacto directo” en la isla, en medio de su ya crítica situación energética. El Ministerio de Relaciones Exteriores denunció que la acción de Washington “refuerza la guerra económica contra Cuba”, dos días después del decomiso del buque Skipper.
Aunque Cuba no confirmó que el cargamento tuviera como destino la isla —como reportó The Washington Post—, La Habana expresó una enérgica condena y recordó que durante la administración de Donald Trump se intensificaron las medidas para impedir el comercio de petróleo venezolano, incluidas sanciones y persecución de barcos que abastecían a Cuba.
La cancillería aseguró que esa presión no solo continúa, sino que ahora se agrava con el uso de fuerza militar estadounidense en el Caribe, justificada bajo la lucha contra el narcotráfico. Según el comunicado, estas acciones golpean directamente al sistema energético cubano y dificultan aún más la vida cotidiana en un país que arrastra cinco años de crisis profunda, falta de divisas y apagones masivos.
El barco Skipper —que transportaba entre 1.1 y 1.9 millones de barriles de petróleo, según distintas fuentes— estaba sancionado desde 2022 por supuestos vínculos con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y Hezbolá. La fiscal general estadounidense, Pam Bondi, afirmó que el buque operaba en violación de sanciones internacionales junto a Venezuela e Irán.
Cuba enfrenta una grave escasez de combustible desde hace dos años, lo que ha afectado la producción de electricidad y diversos servicios esenciales. La incautación del petrolero se suma a un escenario ya marcado por restricciones económicas, apagones constantes y una crisis estructural que sigue profundizándose.












