El Gobierno de Estados Unidos reconoció su responsabilidad en la colisión aérea ocurrida a finales de enero cerca de Washington, en la que murieron 67 personas tras el choque entre un helicóptero militar y un avión comercial.
La admisión figura en un documento judicial presentado por el Departamento de Justicia, en el marco de una demanda civil interpuesta por familiares de una de las víctimas contra el Estado y las aerolíneas que operaban el vuelo. En el texto, el gobierno acepta que incumplió su deber de cuidado y que esa falta provocó directamente el accidente.
El siniestro ocurrió el 29 de enero, cuando un avión de American Eagle procedente de Wichita se aproximaba al Aeropuerto Nacional Ronald Reagan y fue impactado en el aire por un helicóptero Black Hawk del Ejército estadounidense. Ambas aeronaves cayeron al río Potomac.
Las autoridades admitieron que los pilotos del helicóptero no mantuvieron la vigilancia necesaria para evitar la colisión, y que ese error fue una causa directa del desastre. También se señalaron fallas en el desempeño de un controlador aéreo, que no habría cumplido con las regulaciones federales vigentes.
El accidente es considerado el más mortífero en décadas para la aviación comercial estadounidense y derivó en el refuerzo de los protocolos de seguridad en el aeropuerto Reagan.
Aunque una investigación preliminar apuntó a problemas de comunicación e instrumentos defectuosos, la pesquisa final de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte sigue en curso y su informe definitivo aún no ha sido publicado.










67 muertos y muchas preguntas sin respuesta
tarde pero al menos dieron la cara
admitir culpa no devuelve vidas