Cada 6 de enero, millones de niños en todo el mundo despiertan con ilusión para celebrar el Día de Reyes, una tradición profundamente arraigada en países de habla hispana como España, Venezuela, México y otras naciones de América Latina, donde esta fecha también es sinónimo de regalos, sonrisas y magia infantil.
Días antes, niños y niñas escriben sus cartas a Melchor, Gaspar y Baltasar, expresando sus deseos y peticiones. Al llegar la esperada mañana, la ilusión se materializa en los hogares, llenando las casas de alegría, juegos y emoción.
El Día de Reyes conmemora la adoración del Niño Jesús por parte de los tres Reyes Magos, quienes, según la tradición cristiana, llegaron desde Oriente guiados por una estrella para rendirle honores y entregarle presentes.
Este acontecimiento simboliza el reconocimiento del mundo pagano a Jesucristo como Rey y salvador, representado en la figura de los magos de Oriente, marcando un momento clave en la historia del cristianismo.
En la religión católica, esta fecha coincide con la Epifanía, una de las celebraciones litúrgicas más antiguas, cuyo significado es revelación o manifestación. Se refiere al momento en que el Niño Jesús se da a conocer al mundo, más allá del pueblo judío.
En muchos países, especialmente los de habla hispana, el Día de Reyes marca el fin del período navideño, cerrando semanas de celebraciones que comenzaron en diciembre.
La palabra mago proviene del término persa ma-gu-u-sha, que significa sacerdote, y hace referencia a una antigua casta de sabios persas o babilonios que estudiaban las estrellas en su búsqueda de lo divino.
La tradición identifica a Melchor, Gaspar y Baltasar como los tres Reyes Magos que viajaron desde tierras lejanas para ofrecer oro, incienso y mirra, regalos cargados de simbolismo, al Rey de reyes: Jesús de Nazaret.














Qué cura, anoche los niños no querían dormir «por si veían una corona pasar». ¡Esa inocencia no tiene precio!
«Día de Reyes»… la única fecha donde los padres se levantan más temprano que los hijos para verles la cara cuando abren el regalo.
Tú te imagina el trabajo de esos camellos anoche… ¡con este calor dominicano, esa agua que le dejaron debió saberles a gloria!