La reciente decisión del Parlamento de Israel de aprobar una ley que establece la pena de muerte para condenados por terrorismo en Cisjordania ha generado fuertes reacciones tanto en la región como a nivel internacional, en medio del conflicto con Irán.
La medida, impulsada por el partido de extrema derecha Otzma Yehudit, liderado por el ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir, y respaldada por el partido Likud del primer ministro Benjamín Netanyahu, se produce en un contexto de creciente tensión y escalada militar.
El texto aprobado contempla la pena de muerte por ahorcamiento como castigo predeterminado para residentes de Cisjordania condenados por actos terroristas mortales en tribunales militares. Aunque los jueces podrán optar por cadena perpetua en “circunstancias especiales”, la norma establece que, en la mayoría de los casos, la ejecución deberá realizarse en un plazo de 90 días tras la sentencia.
Uno de los aspectos más controversiales es que la legislación se aplicaría exclusivamente a palestinos. Los ciudadanos israelíes quedan fuera de su alcance, ya que son procesados en tribunales civiles, mientras que los palestinos son juzgados por tribunales militares.
Además, la ley prevé condiciones estrictas de reclusión, incluyendo el aislamiento de los condenados sin acceso a visitas presenciales, permitiendo únicamente asesoría legal mediante videoconferencias.
Diversos sectores han calificado la medida como un endurecimiento sin precedentes del sistema penal en los territorios ocupados, advirtiendo que podría agravar aún más las tensiones y profundizar las divisiones en la región.
Para sus críticos, la normativa no solo eleva las sanciones, sino que también refuerza prácticas que consideran discriminatorias, al institucionalizar un trato diferenciado entre israelíes y palestinos dentro del sistema judicial.
La aprobación de esta ley se suma a un escenario ya marcado por la inestabilidad, elevando la preocupación internacional sobre el impacto que podría tener en el conflicto en Medio Oriente.












Qué bueno que Ben-Gvir batea el cobre con su pin de soga
Qué bien se siente el orden pero qué mal se siente el juidero de sangre
Yo no creo que en la ONU estén muy nítidos con este quille