La crisis en Oriente Medio volvió a intensificarse luego de que Irán ampliara sus ataques contra instalaciones militares de Estados Unidos en varios países de la región, en respuesta a la reciente ofensiva estadounidense contra objetivos iraníes.
La Guardia Revolucionaria de Irán aseguró que continuará respondiendo si Washington mantiene las operaciones militares y advirtió que otras bases estadounidenses en el golfo Pérsico podrían convertirse en nuevos objetivos.
En Kuwait, las Fuerzas Armadas informaron que interceptaron tres misiles balísticos, un misil de crucero y diez drones lanzados desde Irán. El ataque dejó una persona herida y provocó daños materiales, mientras las autoridades reafirmaron que adoptarán las medidas necesarias para proteger su soberanía. Teherán afirmó haber dirigido la ofensiva contra las bases estadounidenses de Arifjan y Ali Al Salem.
En Jordania, el Ejército anunció la interceptación de ocho misiles iraníes, indicando que la caída de fragmentos no provocó víctimas ni daños de consideración.
Entretanto, Baréin y Catar activaron sus sistemas de alerta durante la madrugada ante posibles amenazas aéreas. En el caso de Catar, las autoridades elevaron temporalmente el nivel de seguridad antes de informar que la situación había sido controlada.
Ante el aumento de las hostilidades, los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) solicitaron al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenar los ataques iraníes y adoptar medidas que garanticen la seguridad marítima y la libre navegación en el estrecho de Ormuz.
Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reiteró que la guerra contra Irán «aún no ha terminado» y aseguró que las Fuerzas de Defensa de Israel permanecen preparadas para responder a cualquier escenario.
Mientras tanto, cientos de miles de personas participaron en la ciudad iraní de Mashad en la procesión fúnebre del líder supremo Alí Jameneí, asesinado durante el inicio del conflicto, en una ceremonia marcada por consignas contra Estados Unidos e Israel.
En el plano diplomático, el Gobierno iraní rechazó las recientes declaraciones de la OTAN sobre su programa nuclear y la seguridad en el estrecho de Ormuz, calificándolas de «políticamente motivadas» y asegurando que la alianza militar no tiene autoridad para cuestionar las políticas de Teherán.













