Catorce niñas afganas se reúnen todos los días en el sótano de un edificio en Kabul para poder continuar sus estudios. Su profesora es una estudiante universitaria que les enseña matemáticas.
Obviamente la improvisada escuela está escondida y las puertas y ventanas están tapadas para que nadie pueda ver u oír a las jóvenes. En la esquina de la habitación hay un pizarrón donde Nooria (nombre ficticio) escribe algoritmos para explicárselos a sus alumnas.
Después de que los talibanes derrocaran al Gobierno de Ashraf Ghani y capturaran la capital, Kabul, impusieron restricciones a la educación de las niñas.
En algunas ciudades, a ellas no se les permite ir a la escuela después del sexto grado, e incluso, en algunas zonas, las adolescentes tienen prohibido sentarse junto a estudiantes varones.
Las medidas son arbitrarias y contrastan fuertemente con el discurso inicial de los radicales islamistas, que aseguraban que respetarían los derechos humanos fundamentales.
ADVERTISEMENT
Publicaciones relacionadas:
Publicaciones no relacionadas.









