El primer ministro israelí Naftali Bennett no se postulará en las venideras elecciones, anunció el miércoles su despacho luego que Bennett lideró una amplia pero frágil coalición que se deshizo en apenas un año.
El gobierno anunció la semana pasada que disolverá al Knéset (Parlamento israelí), pero la votación requerida para la disolución se ha visto demorada por disputas con la oposición.
El despacho de Bennett informó que éste le ha informado a su partido Yamina (“Derecha” en hebreo) que no se postulará en los comicios venideros, que podrían tener lugar en octubre o noviembre. Por ahora seguirá como primer ministro alterno en un gobierno interino liderado por Yair Lapid, el arquitecto de la coalición que funge actualmente como ministro de Exteriores.
El despacho de Bennett anunció que éste difundirá un comunicado en las próximas horas.
Bennett encarna muchas de las contradicciones que animan a su pequeño país. Es un judío religioso que se hizo millonario en el sector tecnológico israelí, conformado mayormente por personas laicas. Apoya los asentamientos judíos en Cisjordania pero vive en un suburbio de Tel Aviv. Es un exaliado de Benjamin Netanyahu que combinó fuerzas con partidos de izquierda y derecha a fin de poner fin a los 12 años de gobierno de Netanyahu.
En una época fue dirigente del consejo de colonos judíos y se opone a un Estado palestino, incluso después de convertirse en primer ministro a la cabeza de una coalición que incluyó partidos de izquierda. Su gobierno tomó medidas para mejorar las condiciones económicas en Cisjordania y la Franja de Gaza, pero descartó regresar al estancado proceso de paz.
Bennett trató de unir al país tras un período de estancamiento político que condujo a cuatro elecciones en menos de dos años, pero finalmente su propio partido prácticamente se desmoronó pues sus miembros se rebelaron contra la coalición que él formó.








