El futuro de Estados Unidos se juega en la contienda de medio término que se disputa este martes. Todas las bancas en la Cámara de Representantes, 35 bancas en el Senado y 36 gobernaciones estarán en las boletas electorales.

Este martes se definirá el futuro de la nación más poderosa del planeta que llega a una nueva elección con un presidente sumamente debilitado y una oposición que todavía no termina de definir si volverá a alinearse detrás de Donald Trump o buscará nuevas caras para la presidencial de 2024.

Dependiendo de quién controle el Congreso y de quiénes sean electos gobernadores, serán las políticas públicas posibles para enfrentar la inflación pospandemia, el debate reabierto sobre el aborto y las candidaturas para las próximas presidenciales.

Los índices de aprobación de Joe Biden son históricamente bajos. Según la última encuesta de Reuter-Ipsos, el 55 por ciento de los estadounidenses desaprueba su gestión. Pero desde el partido republicano las cosas no están demasiado claras tampoco. En esta elección se definirá si los votantes siguen fieles a Trump y sus candidatos protegidos, o si el partido está listo para nuevos emergentes que están pidiendo su lugar.
Los ojos de la nación están puestos sobre lo que va a ocurrir en la Cámara de Representantes. Sus 435 bancas se ponen en juego, lo que implica que cualquiera de los dos partidos puede quedarse con la mayoría en la cámara baja.
Al día de hoy, los demócratas tienen el control con 221 bancas, contra 212 bancas republicanas (hay dos bancas vacantes por elecciones especiales). Se obtiene el control de la cámara con 218 bancas.
La mayor parte de estas contiendas no son consideradas competitivas. Muchos congresistas se reelegirán facilmente en sus puestos, y otros tantos tienen elecciones “seguras” por la naturaleza partidista de sus distritos.
Pero según un análisis hecho por la cadena CBS, hay 81 bancas en verdadera disputa, es decir, en las que los dos partidos tienen posibilidades. Dada la situación hoy, el partido republicano tiene que revertir al menos cinco bancas para que sumadas las dos elecciones especiales (una en Indiana y una en Florida) que se espera resulten en victoria republicana, termine quedándose con la mayoría en la cámara.
Históricamente, en las elecciones de medio término, el partido del presidente en ejercicio pierde el control del Congreso. Esto lógicamente le daría una ventaja a los republicanos.
Dependiendo de quien se quede con el control de la cámara, se determinará quien preside esa cámara. Actualmente la demócrata Nancy Pelosi es la presidente, pero si los republicanos ganan, lo más probable es que Kevin McCarthy la releve. Presidir la Cámara de Representantes es estar en el tercer lugar en el escalafón de poder en los Estados Unidos, solo por detrás del presidente y el vicepresidente.
De las 100 bancas en el senado federal (2 por cada estado), hay 35 en juego en esta elección. Actualmente, los demócratas controlan el senado con 48 bancas propias, dos bancas independientes que suelen votar con ellos, y el voto que desempata de la vicepresidente Kamala Harris, quien preside la Cámara alta. Por lo tanto, para que haya un cambio en el poder, los republicanos deben retener todas sus bancas y revertir al menos una banca actualmente demócrata.
De las 35 en disputa, 21 son bancas actualmente republicanas y 14 demócratas. En la mayoría se presume que no habrá cambios, pero en 10 de las bancas en cuestión hay una dura batalla.
En Arizona, Georgia, Nevada y Wisconsin, las encuestas dan un empate entre los candidatos demócratas y republicanos. Del resultado final dependerá el control de Senado. Florida, Carolina del Norte y Ohio se presupone que votarán republicano, mientras que Colorado, Pensilvania y New Hampshire se espera que voten demócrata.









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