República Dominicana.- En recientes declaraciones durante la inauguración de la Circunvalación de Baní, el presidente Luis Abinader repitió con orgullo: “Muchos están en política, yo estoy en trabajo”. Suena bien, casi como un eslogan de campaña, pero las acciones —o la evidente falta de ellas— de varios de sus ministros dejan una duda incómoda: ¿realmente están trabajando o solo practicando oratoria?
El inicio del año escolar 2025-2026 es un retrato del caos: más de 200,000 estudiantes sin cupo, un déficit superior a 7,000 aulas y miles de escuelas sin concluir, sin mantenimiento y sin materiales ni personal suficiente, según la ADP. La realidad contradice el libreto: el sistema educativo sigue paralizado, esperando que las aulas aparezcan por arte de magia.
En Agricultura, el ministro Limber Cruz habla de estabilidad en los precios y de garantizar el pollo y el arroz en la mesa. Pero el mercado dice otra cosa: los precios siguen disparados y las familias pagan la factura. Su “seguridad alimentaria” parece más un titular que una política efectiva.
En Medio Ambiente, Paíno Henríquez debería ser la cara de la protección ecológica. En cambio, da luz verde a la construcción de más de 300 apartamentos en el Cinturón Verde, donde está prohibido, y permite talar 901 árboles en el Centro Olímpico bajo el pretexto de “ajustes a infraestructuras”. Dice cuidar el entorno, pero lo que realmente protege son otros proyectos.
En Salud, el lema debería ser “servir con el alma”, pero lo que se acumulan son denuncias por déficit financiero, boticas vacías y pacientes que esperan medicamentos de alto costo. El sistema no parece estar sirviendo… sino intentando salir de un coma prolongado.
Abinader: “Estoy en trabajo”. Lo que omite es que sus ministros parecen estar en show: discursos para la prensa, pocos resultados para la gente. En Educación, millones de niños sin aula; en Agricultura, precios que no bajan; en Medio Ambiente, cemento donde debería haber árboles; y en Salud, carencias que cuestan vidas.
La pregunta que queda en el aire es incómoda, pero inevitable: ¿de qué le sirve al país un gabinete que no atiende las necesidades reales de su pueblo?













El que tiene que cojer fuego es abinader y su gabinete que fueron que acabaron con el país en solo 5 años de estar ahí
Marranzini quiere paciencia, pero el pueblo quiere respeto y un servicio eléctrico que funcione sin tener que rezar para que no se vaya la luz
Fácil pedir paciencia cuando se tiene planta eléctrica y aire 24 horas, pero el que vive en la oscuridad no tiene tiempo para discursos
La paciencia del pueblo se acabó desde el primer apagón largo y lo que queda ahora es frustración, protesta y una factura que no baja ni con la luz ida
La paciencia se acabó hace rato, lo que la gente quiere es respeto y que el servicio eléctrico funcione sin tener que vivir en apagones eternos
Marranzini habla de paciencia pero no siente el desespero de los negocios que pierden ventas ni de los estudiantes que no pueden estudiar por falta de luz
Pedir paciencia con apagones diarios es una burla, el pueblo necesita electricidad, no sermones de oficina con aire acondicionado
Mientras él pide paciencia, la gente está protestando porque la factura llega puntual aunque la luz se vaya más que las promesas de campaña
Marranzini se llena la boca hablando de paciencia pero no se queda sin luz, no pierde la comida de la nevera ni duerme en un calor de 35 grados
Con estos apagones pedir paciencia es como decirle a un bombero que espere mientras el fuego crece y quema todo lo que el pueblo ha logrado con sacrificio
Fácil es hablar de paciencia desde una oficina con planta eléctrica y aire central mientras los barrios hierven de calor y de indignación por un servicio que nunca mejora
Marranzini debería pedir soluciones y no paciencia porque la paciencia no alumbra, no enfría y no mueve un solo motor de los que el país necesita
Es cómodo pedir paciencia cuando la oficina tiene planta propia y nunca se siente el apagón que sufre el pueblo día y noche
Mientras Marranzini predica calma, RD está caliente por dentro y por fuera, entre el sol, el calor y un servicio eléctrico que es más apagón que energía
. Con apagones que parecen maratón pedir paciencia es una burla porque la paciencia no paga la luz que llega cara aunque no se use
. Marranzini habla de paciencia pero en los barrios la paciencia no carga celulares, no prende abanicos y mucho menos enfría la nevera vacía
Con esta crisis eléctrica, pedir paciencia es como decirle a la gente que se acostumbre a vivir mal y sin derecho a reclamar
Pedir paciencia con estos apagones es como decirle a un náufrago que espere el barco mientras se hunde porque cada día la gente pierde más salud y dinero
Marranzini pide paciencia pero lo que el pueblo quiere es respeto y un servicio eléctrico que funcione sin tener que vivir en velas como si fuéramos del siglo pasado
Un gabinete que no resuelve problemas reales es más un lastre que una ayuda para cualquier presidente.
Hablan de progreso, pero en la calle la gente siente todo lo contrario.