A pocas horas de que Bolivia acudiese a las urnas este domingo para elegir presidente, vicepresidente y legisladores por el próximo quinquenio, el ministro de Gobierno, Roberto Ríos, advirtió sobre presuntos intentos de “convulsionar y obstaculizar el proceso electoral”.
Según el funcionario, reportes de inteligencia señalan a sectores vinculados al expresidente Evo Morales como responsables de planear acciones para alterar la jornada.
Ríos afirmó que el Gobierno no permitirá que “ningún colectivo atente contra la seguridad nacional ni interfiera con el derecho político de los ciudadanos a elegir a sus autoridades mediante el voto”.
El ministro llamó a la población, en especial a los habitantes del Trópico de Cochabamba —bastión de Morales— a resistir convocatorias a la protesta y advirtió a la comunidad internacional sobre estos supuestos planes de sabotaje.
Las elecciones se desarrollan en un escenario de alta polarización y con un padrón de 7,5 millones de votantes en el país, además de 369 mil bolivianos en el exterior habilitados solo para elegir presidente. Ocho candidaturas participan en los comicios, entre ellas las opositoras de Samuel Doria Medina y Jorge Tuto Quiroga, quienes según las encuestas podrían enfrentarse en una inédita segunda vuelta.
El oficialismo llega debilitado. Eduardo del Castillo figura rezagado en los sondeos y Andrónico Rodríguez, de la alianza Popular, tampoco alcanza los porcentajes necesarios para disputar el balotaje. La fractura interna del Movimiento al Socialismo, tras el distanciamiento de Evo Morales, dejó al expresidente fuera de la contienda. Morales, sin partido habilitado y con restricciones constitucionales, llamó a sus seguidores a impulsar el voto nulo.
Las mesas abrirán a las 8:00 de la mañana y permanecerán operativas ocho horas, con el conteo transmitido por el Sistema de Resultados Preliminares (Sirepre). El proceso contará con la supervisión de 14 misiones internacionales, incluidas la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos.
El desenlace de este domingo podría marcar un punto de quiebre en la política boliviana, tras dos décadas de predominio del MAS, y definir el rumbo del país en los próximos cinco años.












Cuando se habla de “reportes de inteligencia” sin pruebas públicas, uno se pregunta si de verdad es información seria o un recurso político para controlar el proceso.
El Gobierno sabe que Evo Morales todavía tiene fuerza en Cochabamba y otras zonas. Señalarlo justo antes de la votación es como querer desacreditarlo de antemano.
Siempre lo mismo en tiempo de elecciones: que si planes de boicot, que si sectores conspirando. Suena a estrategia para meter miedo y justificar medidas duras en la jornada.