El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha profundizado una política exterior basada en el equilibrio entre Washington y Pekín, mientras fortalece su proyecto interno con respaldo político de Estados Unidos y financiamiento chino para infraestructura.
Antes de llegar al poder, en marzo de 2019, Bukele visitó Washington y cuestionó abiertamente a China, señalando diferencias en materia democrática y reglas de juego internacional. Sin embargo, meses después de asumir la presidencia, firmó con el Gobierno chino un acuerdo de cooperación no reembolsable superior a los 500 millones de dólares, destinado a obras como la Biblioteca Nacional en San Salvador y un estadio de gran envergadura.
Las relaciones diplomáticas entre El Salvador y la República Popular China se formalizaron en 2018, tras la ruptura con Taiwán durante la administración anterior. Aunque en ese momento Bukele expresó reservas sobre los posibles riesgos financieros y de soberanía, posteriormente viajó a Pekín para consolidar los acuerdos bilaterales, acompañado de su hermano y asesor, Karim Bukele.
Con el paso de los años, el mandatario ha mantenido una relación cercana con el expresidente estadounidense Donald Trump, quien lo ha invitado a participar en un congreso crítico de la influencia china previsto para marzo de 2026.
Analistas consideran que la estrategia salvadoreña refleja una tendencia regional: mantener los vínculos históricos con Estados Unidos —principal socio comercial y aliado en materia de seguridad— mientras se aprovechan las oportunidades de inversión y comercio que ofrece China.
De acuerdo con datos del Fondo Monetario Internacional, la presencia de capital chino en El Salvador ha sido limitada en términos de inversión extranjera directa, pero el intercambio comercial ha crecido de forma significativa, especialmente en el sector automotor. Las importaciones desde China han aumentado considerablemente en los últimos años, superando a otros proveedores tradicionales.
Expertos sostienen que este enfoque responde a un contexto latinoamericano en el que varios países buscan diversificar sus alianzas sin romper con Washington, navegando así un escenario geopolítico cada vez más competitivo.














Esa estrategia puede traer buenos resultados económicos.
Equilibrar a EE.UU. y China no es tarea fácil.
Bukele jugando ajedrez en la política internacional.