Tres miembros del consejo de transición haitiano; Smith Augustin, Emmanuel Vertilaire y Louis Gérald Gilles, son señalados por investigadores anticorrupción de pedir soborno por 750.000 dólares para asegurar el puesto de Jean Baden Dubois, director del banco estatal haitiano.


Este escándalo contribuye a que el objetivo de restaurar la democracia en Haití se vea cada vez más distante, en un país plagado de corrupción, violencia y crisis institucional.
Es importante recalcar que las personas anteriormente señaladas en actos de corrupción son las mismas que firmaron el decreto que destituyó al primer ministro interino Garry Conille; lo que ha debilitado aún más la confianza en la institución encargada de liderar el retorno al sistema democrático.
La decisión de reemplazar a Conille por Alix Didier Fils-Aimé puede ser vista como una maniobra más impulsada por intereses personales que por un compromiso con la estabilidad política.
Organismos internacionales, como la Organización de los Estados Americanos (OEA), han fracasado en los intentos de mediar en la crisis haitiana, indicando la falta de unidad en el consejo.
La falta de transparencia, coordinación y unidad han mantenido sepultada a la nación haitiana en una profunda crisis.
Cuando los mismos líderes del proceso democrático están implicados en actos de corrupción, el país queda atrapado en un ciclo de inestabilidad que obstaculiza cualquier posibilidad de cambio real.
Haití es un país sacudido por la corrupción y la violencia donde las bandas armadas responden a empresarios y grupos mafiosos que se disputan los comercios, sectores y las demarcaciones. La mafia haitiana ha reinado a lo interno y externo de esta nación.










La inestabilidad política allá afecta a toda la región, incluyendo a nosotros.
Cambian un primer ministro por otro, pero la corrupción sigue igual.
La falta de transparencia en Haití solo empeora la confianza de su gente.
Es una lástima ver cómo el país vecino no puede salir de esa espiral de caos.
Los empresarios corruptos y las bandas armadas tienen el control de Haití
Fils-Aimé no va a poder hacer mucho si no se limpian las instituciones primero
La mafia haitiana es la que manda, y el gobierno parece cómplice
Las bandas armadas tienen control de todo allá, ni el gobierno puede con ellas
La corrupción en Haití está tan enraizada que el cambio parece imposible
La OEA no ha logrado nada, puro bulto y no resuelven la crisis haitiana
El regreso a la democracia en Haití cada vez se ve más lejano con esta situación
Esos mismos corruptos siguen decidiendo el futuro de Haití, increíble.
Cambiar al primer ministro parece más una jugada de poder que una solución real.
La destitución de Garry Conille solo echa más leña al fuego en ese país.
Haití sigue sumido en un lío de corrupción y violencia, ¿hasta cuándo?
La lucha por el poder en Haití es como ver una carrera de tortugas: lentas, pero seguras… que se caen a cada rato.
El pueblo haitiano vive en un caos y, por alguna razón, los que están en el poder son los que más paz parecen tener, no entiendo.
Haití tiene una democracia tan sólida como una casa de naipes: se cae con el más mínimo viento.
Los políticos haitianos deberían tener un doctorado en «Promesas no cumplidas» porque en eso son expertos.
Lo bueno de la política haitiana es que siempre hay un cambio… de dinero, claro.