Rusia informó este sábado que una estación de bombeo de petróleo en la región de Chuvasia, cerca del río Volga, tuvo que detener sus operaciones tras ser alcanzada por drones ucranianos. El ataque ocurrió en la localidad de Konar, a más de 1,200 kilómetros de la frontera, y según el gobernador Oleg Nikolaev, no dejó víctimas y solo provocó daños menores.
Este incidente se suma a la serie de ofensivas ucranianas contra refinerías e instalaciones energéticas en territorio ruso, acciones que Kiev describe como represalias frente a los constantes bombardeos de Moscú. Su estrategia apunta a debilitar las finanzas petroleras que sostienen la guerra.
El viernes, otro ataque impactó la refinería Afipsky, en la región de Krasnodar, una de las más grandes del sur de Rusia. El ataque provocó un incendio en una de sus unidades, que logró ser controlado, pero expuso la vulnerabilidad de una planta que procesa más de 9 millones de toneladas de crudo al año.
Los efectos ya se sienten en el mercado interno ruso. Según Energy Aspects, la capacidad de refinado ha caído un 17 %, lo que se traduce en una disminución del 10 % en la producción de gasolina y restricciones en cientos de estaciones de servicio. Crimea y Sebastopol figuran entre las zonas más afectadas, donde la mitad de las gasolineras dejaron de operar.
Aunque el Ministerio de Defensa ruso afirma haber interceptado 55 drones en las últimas horas, los ataques muestran que Ucrania mantiene la capacidad de alcanzar objetivos estratégicos a gran distancia.












Aunque digan que fue daño menor, el golpe simbólico pesa.
Eso es como decirle a Moscú: “no hay sitio seguro pa’ ti”.
Diache, Ucrania llegó con drones a más de mil kilómetros adentro de Rusia.