República Dominicana.– El dólar se cotiza ya en RD$64.05, rompiendo su techo histórico. El peso, mientras tanto, sigue perdiendo valor como si se tratara de un enfermo sin tratamiento. En un solo día, la moneda estadounidense subió 1.58% y el Gobierno aún se atreve a vender la idea de que todo está “bajo control”.
El Banco Central repite el mantra de “estabilidad macroeconómica” y de un crecimiento de 5% del PIB. Pero ese crecimiento nadie lo siente en la calle. Lo que sí se siente es que el supermercado traga más dinero por menos productos, que los medicamentos cuestan un ojo de la cara y que llenar un tanque de gasolina es un lujo.
Lo indignante no es solo la escalada del dólar, sino la pasividad oficial. ¿De qué sirve presumir cifras de crecimiento si el peso se desangra frente al billete verde? ¿De qué estabilidad hablan cuando la moneda nacional es incapaz de sostenerse ante una mínima sacudida internacional?
El problema es estructural: una economía que depende de préstamos, turismo y remesas, pero que no fortalece la producción local ni protege el bolsillo del trabajador. Cada peso perdido frente al dólar es una bofetada al salario del dominicano.
El peso dominicano cumplió más de 50 años de existencia. Hoy, más que moneda, parece un recuerdo: se celebra en los discursos, pero se derrumba en el mercado.












Celebran los 50 años del peso… pero lo que deberían hacer es un velorio, porque esa moneda está muerta.
Cada vez que el dólar sube, el salario se encoge. Y el que trabaja, paga el plato roto.
¿De qué sirve hablar de PIB si la gente no puede ni llenar un carrito en el súper?
Un peso no da ni pa’ un jugo en fundita… pero el Banco Central jura que estamos “estables”.
El Gobierno dice que la economía crece, pero el único crecimiento que yo veo es el del dólar.
Cada alza del dólar es una galleta sin mano pa’ la clase media y los pobres.
El pueblo no siente crecimiento, siente que el peso se va como agua entre los dedos.
El peso dominicano cumple años, pero lo que se celebra es su funeral económico.
La producción local está débil y mientras tanto dependemos de remesas y turismo.
Eso de estabilidad solo se ve en los papeles del Banco Central, no en el colmado.
El Gobierno vive diciendo que “todo bajo control”, pero la calle dice otra cosa.
Llenar un tanque de gasolina ya es como hacer un préstamo chiquito.
Uno se mata trabajando pa’ que el sueldo se lo coma el dólar.
¿De qué me sirve que hablen de PIB y macroeconomía si en la compra me llevo menos?
El peso nuestro ya parece chicle, se estira y se rompe to’ los días.