República Dominicana.– El Gobierno insiste en vendernos un inicio escolar “exitoso”. Pero basta dar una vuelta por los planteles para darse cuenta de que la película es otra: techos a punto de colapsar, aulas divididas con cartones y escuelas que llevan años en construcción. La realidad grita mucho más fuerte que los discursos.
Aun así, la vicepresidenta Raquel Peña asegura que todo marcha bien y que el presidente Luis Abinader supervisa cada detalle. El libreto suena bonito, pero fuera de ese guion la historia no encaja: padres desesperados buscando cupos, estudiantes tomando clases bajo enramadas y maestros que hacen malabares para sobrevivir con lo que hay.
La secretaria de Educación de Fuerza del Pueblo, Josefina Pimentel declaró que muchos centros no están listos y otros representan un riesgo para los estudiantes. No se trata de percepción, se trata de hechos.
Los ejemplos son un retrato cruel: en San Juan, el Liceo José del Carmen Báez se cae a pedazos; en Azua, los alumnos estudian al aire libre; en Higüey, la Escuela Don Pedro Tapia acumula ocho años de espera; y en Nagua, un cartón sirve de pared divisoria. Así luce el sistema educativo después de más de un billón 500 mil millones de pesos invertidos en cinco años.
Mientras tanto, el Gobierno anuncia con bombos y platillos programas como Talento Digital RD, aunque en comunidades como Villa Hermosa y Los Guaricanos los niños siguen sin aulas dignas ni baños adecuados. La brecha entre la promesa y la realidad ya no se mide en cifras, se mide en frustración.
El Gobierno insiste en la continuidad, pero lo único que ha continuado para el pueblo son los mismos dolores de cabeza. ¿Es esa la obra que hay que defender en 2028? Porque si así luce el éxito, no queremos ni imaginar el desastre.













El pueblo ya está cansado de la muela cada año anuncian éxito y lo que hay es caos un sistema educativo que se cae a pedazos y un Gobierno que solo sabe prometer
El Gobierno siempre promete lo mismo pero la pregunta sigue siendo la misma para quién es ese inicio escolar exitoso para el estudiante pobre o para los que se llenan los bolsillos con contratos
Un inicio escolar exitoso debería medirse por aulas dignas libros disponibles y maestros contentos no por ruedas de prensa ni fotos en periódicos
Mientras el ministro dice que todo está bajo control en los barrios los padres hacen malabares para mandar los niños con mochila y zapatos eso no es éxito eso es sobrevivencia
Si así luce el inicio “exitoso”, no quiero ni imaginar cómo será cuando haya problemas de verdad.
Los padres vivimos un calvario buscando cupos, mientras el Gobierno anda en anuncios y fotos bonitas.
Con tanto dinero invertido, no hay excusa para que una escuela dure ocho años sin terminar. Eso es una burla.
Uno se cansa de escuchar promesas mientras los muchachos siguen cogiendo clases debajo de una mata de mango.
Hablan de éxito, pero las escuelas parecen gallineros. Eso no es educación digna.
Lo del sargazo es la excusa del día. La verdad es que nunca planifican nada y el pueblo siempre paga las consecuencias.
Lo del sargazo es la excusa del día. La verdad es que nunca planifican nada y el pueblo siempre paga las consecuencias.
Mientras ellos se justifican, la gente está sin luz, sudando y pagando la factura más cara. ¿Y ese es el cambio?
Esto es una burla. ¿Cómo una planta millonaria se apaga por sargazo? Eso lo que demuestra es pura improvisación.
Si después de cinco años y tanto dinero lo que tenemos es escuelas a medio hacer, entonces el problema es de gestión, no de recursos.
Los maestros hacen magia con lo poco que tienen, pero eso no es justo. Los estudiantes merecen dignidad, no improvisación.
Los anuncios suenan lindos, pero la realidad en los barrios y campos es otra. La educación no se mejora con discursos.
Es un abuso que después de tantos millones invertidos todavía tengamos aulas con cartones y estudiantes dando clases debajo de árboles.
Uno pasa frente a muchas escuelas y ve la verdad: techos cayéndose y niños sin condiciones. ¿Dónde está ese éxito que dice el Gobierno?
Si eso es lo que llaman éxito, imagínate lo que sería un fracaso
La brecha entre promesa y realidad se mide en la frustración de cada familia