El Gobierno de España negó de manera categórica que vaya a colaborar militarmente con Estados Unidos en su ofensiva contra Irán y reiteró que no permitirá el uso de bases españolas para operaciones bélicas.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, aseguró que la postura del Ejecutivo “permanece absolutamente invariable” y desmintió las declaraciones de la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien había afirmado que España aceptó cooperar con el Ejército estadounidense.
Desde Madrid, las autoridades insistieron en que la decisión responde a un principio de soberanía nacional y a su rechazo a involucrarse en un conflicto que consideran injustificado.
En paralelo, Irán agradeció públicamente la postura española y destacó lo que calificó como una “conducta responsable” por parte del Gobierno de Pedro Sánchez.
La controversia escaló tras declaraciones del secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, quien consideró “inaceptable” la negativa española y sostuvo que esa postura podría poner en riesgo vidas estadounidenses.
Ante esas críticas, el ministro de Transportes, Óscar Puente, respondió que la responsabilidad de exponer a soldados estadounidenses recae en quien decide llevarlos a una guerra, no en España. Subrayó que la determinación de no facilitar territorio para operaciones militares es una “decisión libre y soberana” que no incide en el número de bajas.
El Ejecutivo español reiteró que su posición pasa por promover la desescalada del conflicto, impulsar negociaciones y sustituir la confrontación armada por el diálogo diplomático.















No prestar bases es una postura firme.
Esa decisión evita que el país se involucre directo.
España marcando distancia clara en ese conflicto.