Este 7 de julio se cumplen cuatro años del asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse, un hecho que desató una profunda crisis en Haití. Moïse fue acribillado en su residencia por un comando armado, compuesto en su mayoría por exmilitares colombianos. Desde entonces, el país no ha logrado retomar la estabilidad institucional, política ni de seguridad.
A pesar de algunas detenciones en Haití y Estados Unidos, el caso avanza lentamente, sin esclarecer completamente los autores intelectuales del crimen. El magnicidio agravó la parálisis del Estado haitiano, sumido hoy en el caos por el control de las pandillas, el colapso de servicios básicos y la ausencia de elecciones.
Ante esta situación, la ONU espera desplegar este año una fuerza multinacional encabezada por Kenia para ayudar a recuperar el orden. Pero el pueblo haitiano conmemora este aniversario con tristeza, frustración y una creciente exigencia de justicia, mientras el país continúa sin rumbo claro.











Lo más triste es ver cómo el pueblo sigue sufriendo, esperando justicia, mientras los culpables se pasean.
La ONU dice que va a mandar ayuda, pero cada vez que intervienen, Haití queda peor. ¿Hasta cuándo?
Ese crimen dejó al pueblo haitiano huérfano de dirección. Nadie responde, nadie da la cara.
Haití está hundido en el caos desde ese asesinato. Fue como quitarle el último hilo de estabilidad.
Cuatro años después y todavía no se sabe quién mandó a matar a Moïse. Eso es una burla a la justicia.
Desde que mataron a Jovenel, Haití cayó en un hoyo que no tiene fondo. Bandas mandando, policías escondidos, y el pueblo cogiendo lucha como siempre. Y aquí al lado, viendo cómo se desmorona sin que nadie pare el desorden.
Mataron al presidente en su casa y el país nunca volvió a ser el mismo
Lo de Haití no fue solo un magnicidio fue el principio del caos sin retorno
Cuatro años y todavía no se sabe quién mandó a matar a ese hombre eso da vergüenza
Cuatro años sin Jovenel Moïse y Haití sigue como un barco sin capitán, sin timón y con los piratas mandando. La comunidad internacional se llenó la boca hablando, pero a la hora de ayudar de verdad, to’ el mundo se hizo el loco