La Fiscalía de Kenia anunció este lunes que imputará 52 nuevas muertes al predicador Paul Nthenge Mackenzie, líder de una secta cristiana vinculada al fallecimiento de más de 430 personas en uno de los episodios más estremecedores de la historia reciente del país, conocido como la “masacre de Shakahola”.
En un comunicado oficial, el Ministerio Público informó que recibió autorización judicial para presentar cargos formales contra Mackenzie y varios de sus presuntos colaboradores por la muerte de 52 personas halladas en la finca de Binzaro, ubicada en el condado de Kilifi, al sureste del país. Los cuerpos fueron exhumados el año pasado en las cercanías de la aldea de Kwa Binzaro, dentro de una extensa zona boscosa.
Las investigaciones preliminares vinculan estos fallecimientos con los hechos ocurridos en el bosque de Shakahola, donde seguidores de la Iglesia Internacional de las Buenas Nuevas, incluidos numerosos menores de edad, ayunaron hasta morir tras ser convencidos de que así lograrían encontrarse con Jesucristo.
Las autoridades señalaron que algunas de las personas que lograron sobrevivir a la tragedia regresaron posteriormente a la zona, presuntamente empujadas por el rechazo de sus familias o comunidades, internándose aún más en el bosque.
En una resolución emitida por la magistrada Joy Wesonga, del tribunal de Malindi, la Fiscalía indicó que se concedió tiempo adicional para coordinar la comparecencia de todos los acusados, lo que permitirá una declaración conjunta prevista para el 11 de febrero de 2026.
Mackenzie permanece en prisión preventiva en la cárcel de máxima seguridad de Shimo la Tewa, en Mombasa, donde enfrenta múltiples cargos, entre ellos asesinato, homicidio involuntario, radicalización y delitos vinculados al crimen organizado y al terrorismo.
Según la Fiscalía, el predicador es sospechoso de haber planificado y supervisado los crímenes mediante enseñanzas radicales y una estructura organizada que atrajo a las víctimas a zonas remotas. En el caso principal de Shakahola, Mackenzie y sus coacusados ya enfrentan cargos por terrorismo, el asesinato de 191 niños y el homicidio involuntario de al menos 238 personas.
Las autopsias practicadas a los cuerpos recuperados revelaron que, además de signos claros de inanición, algunas víctimas presentaban evidencias de estrangulamiento y asfixia.














Un aplauso para los investigadores que siguen encontrando fosas comunes porque la única forma de que esas familias descansen es sabiendo la verdad
Me gusta que la Fiscalía de Kenia no ha soltado el caso porque cada vida que ese tiguere quitó con sus mentiras tiene que pagarla en la cárcel
Qué bueno que le sigan sumando muertes a ese abusador porque una persona que convence a niños de morir de hambre no merece ver el sol nunca más