El sur de Europa enfrenta una crisis ambiental sin precedentes, con incendios forestales que se expanden en medio de una intensa ola de calor y que afectan a España, Portugal, Grecia, Italia y Marruecos.
En España, el saldo humano asciende ya a tres fallecidos, dos de ellos voluntarios en labores de extinción en León, y un trabajador rumano en una hípica al norte de Madrid.
Las llamas han obligado a desalojar a miles de personas y ya han devastado más de 70,000 hectáreas en el país, superando las pérdidas de todo 2024. Expertos advierten que los incendios actuales son de “sexta generación”, con un comportamiento tan extremo que puede alterar el clima local y avanzar kilómetros en minutos.
El Gobierno español ha recibido apoyo de Francia con dos aviones contra incendios, mientras las regiones de Castilla y León, Galicia, Comunidad Valenciana y Extremadura conforman un “triángulo ardiente” de máxima preocupación.
En Portugal, donde algunos fuegos llevan más de tres semanas activos, se han desplegado 2,700 bomberos y más de 30 aeronaves, con severas restricciones de acceso a áreas forestales y uso de fuego hasta el domingo. Grecia, aunque con un panorama más controlado en Patras, sigue combatiendo focos en otras islas y regiones.
Las altas temperaturas mantienen en alerta roja a 16 ciudades italianas, y los incendios se extienden incluso al norte de Europa, como en North Yorkshire, Inglaterra.














Ver a comunidades unirse para ayudar, dar refugio y comida a los afectados demuestra que la solidaridad todavía existe.
Me alegra que en algunos países ya estén usando tecnología avanzada para detectar y apagar fuegos, eso salva vidas y bosques.
Es admirable la valentía de los bomberos y voluntarios que arriesgan su vida para salvar a otros y proteger la naturaleza.