El Gobierno de Israel aseguró este sábado que el líder supremo de Irán, Alí Jamenei, habría muerto tras los recientes bombardeos conjuntos lanzados por Israel y Estados Unidos contra territorio iraní. Sin embargo, Washington no ha confirmado esa versión.
Durante un discurso televisado, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirmó que existen “cada vez más indicios” de que el líder iraní “ya no está vivo” y sostuvo que el ataque destruyó el complejo donde presuntamente se encontraba, en el centro de Teherán.
Horas antes, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, había declarado a NBC News que tanto Jamenei como el presidente Masoud Pezeshkian estaban vivos “hasta donde yo sé”, generando versiones contradictorias sobre el estado del liderazgo iraní.
El presidente estadounidense, Donald Trump, instó al pueblo iraní a “tomar las riendas de su destino” y levantarse contra el régimen islámico instaurado en 1979, en medio de la creciente escalada militar.
De confirmarse la muerte de Jamenei, se trataría de un hecho de enorme impacto político y regional, con consecuencias imprevisibles para la estabilidad de Oriente Medio.














Cuando Israel dice que “hay señales”, hay que esperar fuentes independientes.
Pero cuidado — hasta ahora no hay confirmación firme ni de Irán ni de EE. UU.
Si realmente murió Jamenei, eso cambia todo el mapa político de Medio Oriente.