República Dominicana.- La salida de Mario Lama de la dirección ejecutiva del Servicio Nacional de Salud (SNS) marca el cierre de una gestión que nunca logró escapar del ruido de las crisis, el desabastecimiento y el descrédito público. El presidente Luis Abinader solicitó su renuncia tras cinco años de un mandato erosionado por fallas estructurales que terminaron convirtiéndose en un problema político para el gobierno.
La dimisión del funcionario se formalizará en las próximas horas, luego de un encuentro privado en el que el mandatario dejó claro que el desgaste acumulado hacía inviable su permanencia al frente de la red pública de salud.
El relevo ya está definido. El doctor Julio Landrón, actual director del Hospital Traumatológico Dr. Ney Arias Lora, asumirá la conducción del SNS con el encargo de recomponer una institución golpeada por la ineficiencia administrativa, las denuncias persistentes y la pérdida de confianza ciudadana.
Desde su llegada al cargo en agosto de 2020, Lama enfrentó un escenario adverso marcado por la pandemia del COVID-19. Sin embargo, lo que se esperaba fuera una gestión de recuperación terminó atrapada en un ciclo continuo de crisis: escasez de medicamentos, retrasos quirúrgicos, conflictos con los gremios médicos y cuestionamientos sobre los procesos de compras.
En los últimos meses, la situación se volvió insostenible. Hospitales denunciaron faltantes críticos de insumos básicos, mientras médicos y enfermeras intensificaban protestas y reclamos. Las explicaciones técnicas ofrecidas por la dirección del SNS no lograron contrarrestar una percepción pública cada vez más severa: el sistema no respondía cuando la gente más lo necesitaba.
Para el presidente Abinader, sostener a Lama se convirtió en un costo político innecesario. En un sector tan sensible como la salud, cada falla tiene consecuencias humanas, y cada error se traduce en indignación social. Con el horizonte electoral acercándose, el gobierno optó por un cambio que busca enviar una señal de corrección y control de daños.
Landrón asume una estructura compleja, con miles de empleados, un presupuesto millonario y una red de intereses que históricamente ha resistido las reformas profundas. Su desafío no será solo administrativo, sino político y ético: demostrar que el cambio de mando no es un simple relevo de nombres, sino un intento real de enderezar un sistema que lleva años al borde del colapso.
La salida de Mario Lama deja una advertencia clara: en la salud pública no basta con promesas ni diagnósticos heredados. Cuando faltan medicamentos, cuando se posponen cirugías y cuando la vida de los pacientes queda en pausa, la tolerancia social se agota.
Lama se va. Landrón llega. Pero el verdadero reto sigue intacto: un SNS que exige algo más que relevos administrativos y discursos de buenas intenciones.















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Parece que el 2026 arrancó con una limpieza de gabinete y Lama fue el primero que pasó por el colador
Si Lama no pudo con el desabastecimiento en cinco años no iba a poder ni que le dieran un siglo entero más
Esa gestión lo que dejó fue un rastro de crisis y gente quejándose por cada jeringuilla que no aparecía en el hospital