La Conferencia Episcopal de Haití rompió el silencio. En una carta abierta sin adornos, los obispos denunciaron que el país está secuestrado por bandas criminales, que no solo matan y desplazan a la gente, sino que también han borrado toda línea entre lo sagrado y lo profano. “Esto ya no es un Estado”, afirman. “Es tierra de nadie, regida por el terror”.
Los prelados no se limitaron a describir la violencia: la compararon con una enfermedad que corroe la conciencia nacional. Iglesias profanadas, santuarios destruidos, el patrimonio cultural reducido a cenizas. El mensaje es claro: en Haití ya no queda refugio, ni físico ni espiritual. Lo que hieren no son solo las paredes, sino el alma misma del pueblo.
En medio de este desastre, el gobierno de transición propone una reforma constitucional. Los obispos la ven como un intento mal calculado: tiene buenas intenciones, pero llega a destiempo y con lagunas peligrosas. Por eso, llaman a la comunidad internacional a mirar hacia Haití con urgencia. No como una estadística más, sino como un pueblo que se desangra a la vista de todos.










si hasta las iglesias están profanando eso quiere decir que el mal llegó al altar
Haití no tiene presidente ni gobierno lo que tiene es bandas con fusiles
los curas haitianos ya no pudieron callar más y tiraron el grito al cielo