República Dominicana.– El Gobierno presentó el proyecto de Presupuesto General del Estado para el 2026, que asciende a RD$1 billón 744 mil millones, el equivalente al 20.1 % del PIB. La cifra, que por sí sola impresiona, viene acompañada de las palabras de siempre: eficiencia, transparencia y compromiso social.
Según explicó el ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza, el 46 % del gasto se destinará a servicios sociales. Una apuesta que suena bien en papel, aunque la experiencia nos obliga a preguntarnos qué tanto de ese porcentaje se traducirá en mejoras reales para hospitales, escuelas y seguridad social.
Entre los puntos destacados está la asignación de RD$3,700 millones para la organización de los Juegos Centroamericanos y del Caribe y RD$6,000 millones para la implementación de la nueva Cédula de Identidad y Electoral a cargo de la Junta Central Electoral. Ambas partidas generan debate: necesarias en sus respectivos ámbitos, pero cuestionables cuando aún persisten carencias básicas en áreas sensibles como salud y educación.
El presupuesto también contempla un gasto de capital de RD$7,354.6 millones, unos 39,000 millones más que en el 2025, y una inversión pública equivalente al 2.5 % del PIB. En teoría, estos recursos apuntan a fortalecer la infraestructura y dinamizar la economía. La pregunta es si estarán dirigidos a proyectos estratégicos o si quedarán atrapados en el ciclo de obras inconclusas y promesas de campaña.
El director de Presupuesto, José Rijo Presbot, sostuvo que el marco macroeconómico proyecta un crecimiento de 4.5 % del PIB real y una inflación promedio de 4 %. Metas razonables, aunque con un contexto internacional incierto y una economía local muy sensible a los precios de los alimentos y la energía, habrá que ver qué tan sostenibles resultan.
En conclusión, el Presupuesto 2026 llega con números históricos y con el mismo discurso de compromiso social. Pero más allá de los Juegos, las cédulas y las cifras oficiales, lo que realmente medirá su impacto será la capacidad del Gobierno de convertir ese billón en soluciones concretas para la gente. Porque a estas alturas, lo que el país necesita no son más promesas, sino resultados palpables.











Al final, la gente lo que quiere es que ese billón se vea en la calle, no en PowerPoint.
Paliza y Rijo hablan de eficiencia, el pueblo habla de sobrevivencia.
Crecimiento de 4.5 % suena lindo, pero la compra en el colmado no lo siente.
Inversión pública en 2.5 % del PIB, pero las obras duran tres gobiernos.
Ojalá que ese 46 % en social no se quede en papeles y discursos.
Mucho número bonito, pero la medicina en los hospitales hay que comprarla afuera.
La nueva cédula va a salir más cara que el desayuno escolar.
3,700 millones pa’ unos Juegos y la escuela del barrio con techo roto.
Siempre hablan de transparencia, pero el pueblo no ve claro.
Un billón y pico, pero los hospitales siguen sin cama.