Sabíamos que iba a ocurrir, pero no por ello ha perdido un ápice de emoción. Stephen Curry pisaba anoche el Madison Square Garden –qué mejor escenario podía haber– para simplemente hacer historia. Tras trece años de carrera estaba a solo dos triples de convertirse en el que más había anotado en 75 años de NBA. Su talento tenía una cita, una sencilla para un chico que ha hecho del lanzamiento exterior una amenaza a toda cancha. No falló.
Faltaban exactamente 7:33 minutos para concluir el primer cuarto cuando el base de los Warriors anotaba el triple número 2.974 de su carrera. La Meca del baloncesto estalló junto a Curry, sus compañeros, los técnicos y dos invitados de lujo, Ray Allen y Reggie Miller, quienes le acompañaron sobre el parqué como sus escuderos en el actual podio de mejores lanzadores de la historia de la Liga.
Curry lo vivió los minutos que pasaron entre su triple y el retorno al partido con una ilusión desbordante. Primero recibió el abrazo de Draymond Green mientras todos los jugadores corrían a felicitarlo. Seguidamente cogió el balón y se lo dio a su padre, Dell, mientras el público no paraba de vitorearlo con una atronadora emoción. Fue en su regresó al parqué cuando fue felicitado por Ray Allen. Fueron un cúmulo de sensaciones. Cuando se sentó en el banquillo, brotaron lágrimas de sus ojos. He aquí el momento exacto en el que batió el récord.











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