El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este viernes que Tailandia y Camboya habrían aceptado retomar el alto el fuego, tras cinco días de enfrentamientos en la frontera que ya dejaron al menos 20 muertos y más de medio millón de desplazados. Sin embargo, ninguno de los dos gobiernos ha confirmado oficialmente el acuerdo.
Trump hizo el anuncio a través de su red social Truth Social, afirmando que tanto el primer ministro tailandés, Anutin Charnvirakul, como el líder camboyano, Hun Manet, le comunicaron su disposición a “cesar todos los disparos” a partir de la noche del viernes. También aseguró que la tregua se retomaría bajo los términos del acuerdo alcanzado en julio, negociado con mediación de Malasia y con presión directa de Washington.
El alto el fuego inicial había sido suspendido en noviembre, cuando Tailandia acusó a Camboya de provocar heridas a varios de sus soldados con minas terrestres. Desde entonces, ambas naciones han reanudado ataques, intercambiado acusaciones y difundido versiones contradictorias sobre quién es responsable del reinicio de la violencia.
Los choques fronterizos escalaron esta semana luego de que un equipo de ingenieros tailandeses fuera supuestamente atacado por tropas camboyanas. En respuesta, Bangkok incrementó bombardeos y operaciones aéreas a lo largo del límite territorial disputado.
Mientras tanto, Tailandia y Camboya continúan responsabilizándose mutuamente por el conflicto, alimentando una guerra de propaganda que revive tensiones históricas alrededor del mapa fronterizo de 1907 —trazado durante la colonización francesa—, cuya validez Bangkok cuestiona desde hace décadas. El fallo de la Corte Internacional de Justicia de 1962, que otorgó soberanía sobre la zona a Camboya, sigue siendo una herida política abierta en Tailandia.
A pesar de la falta de confirmación oficial por parte de las dos naciones asiáticas, Trump ha presentado el anuncio como parte de su narrativa de liderazgo internacional. Según Kimberly Halkett, corresponsal de Al Jazeera en Washington, el presidente intenta reforzar su imagen de “pacificador global”.
“Él insiste en que ha resuelto ocho guerras y quiere dejar ese legado”, explicó Halkett. La posibilidad de que el acuerdo de julio —negociado bajo su influencia— se haya derrumbado tan rápido ha impulsado a Trump a reactivar su papel en la mediación del conflicto.
Por el momento, el anuncio del mandatario estadounidense sigue sin ser corroborado por Bangkok ni Phnom Penh, que continúan inmersos en el quinto día consecutivo de hostilidades.














