El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este lunes una orden ejecutiva que compromete a Washington a defender a Catar frente a cualquier amenaza externa, incluso con acciones militares. La decisión llega tres semanas después del bombardeo israelí en Doha contra dirigentes de Hamás, que dejó seis muertos, entre ellos un oficial catarí.
El documento establece que cualquier ataque contra el territorio, soberanía o infraestructura crítica de Catar será considerado por Washington como una amenaza directa a la paz y seguridad estadounidenses. En tal caso, EE.UU. actuará con medidas diplomáticas, económicas y, de ser necesario, militares.
El 9 de septiembre, la Fuerza Aérea israelí atacó un complejo residencial en Doha donde se encontraban dirigentes de Hamás. El bombardeo mató a cinco miembros del grupo y a un oficial catarí, aunque los principales objetivos del operativo sobrevivieron.
Tras el incidente, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sostuvo una conversación telefónica con el emir Mohammed bin Abdulrahman bin Jassim Al Thani, en la que expresó disculpas y lamentó la muerte del oficial catarí.















Curioso, cuando se trata de Catar sí aparece la defensa inmediata, pero cuando son otros pueblos bombardeados la respuesta suele ser silencio.
Esto parece una jugada política más que una acción humanitaria. Trump nunca da un paso sin pensar en la ganancia geopolítica.
Lo llamativo es cómo un conflicto lejano puede encender a Trump de nuevo en el tablero internacional. No pierde la costumbre de ser protagonista.
Si realmente quiere defender a Catar, debería empezar por apostar a la diplomacia y no a la fuerza militar. Pero claro, eso no vende titulares.