El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, arrancó su visita estatal al Reino Unido con varios tropiezos diplomáticos que no pasaron desapercibidos.
La primera falta ocurrió en Windsor, cuando Trump y el rey Carlos III presenciaban el desfile de la guardia de honor. En medio del acto solemne, el mandatario estadounidense le dio una palmadita en la espalda al monarca, gesto que el protocolo británico considera una infracción grave: al rey no se le toca.
El episodio no terminó ahí. Durante la inspección de las tropas, Trump se adelantó al soberano y comenzó a conversar con un guardia, dejando al monarca caminando detrás de él. Sin embargo, fuentes del Palacio aseguraron al Daily Mail que el propio Carlos III había invitado al presidente a ir delante, como ha hecho con otros líderes internacionales.
Pero incluso antes de llegar al palacio, Trump ya había roto otra regla: al bajar del helicóptero, estrechó la mano del príncipe Guillermo y, al mismo tiempo, lo abrazó con la otra, un gesto inusual en la rígida etiqueta real.












algunos gestos como la palmadita o el abrazo pueden verse como un intento de simpatía
demuestra que intenta ser amistoso y cercano con líderes internacionales
trump mostró cercanía y cordialidad con la familia real aunque rompiera protocolo