Este viernes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ruso, Vladímir Putin, se encontrarán en Anchorage, Alaska, en una reunión que promete ser histórica, aunque sin garantías de resultados concretos en el conflicto de Ucrania.
Trump, quien durante meses aseguró que podría poner fin a la guerra «en un abrir y cerrar de ojos», ha rebajado las expectativas calificando la cita como una «reunión de tanteo». Será su primer encuentro cara a cara con Putin desde 2019, tras múltiples conversaciones telefónicas desde que retomó el poder en enero de 2025.
Según fuentes estadounidenses, fue el propio Putin quien propuso la reunión, a pesar de que Trump ha expresado su frustración por la falta de avances hacia un alto el fuego y las continuas ofensivas rusas. Sin embargo, el presidente estadounidense no ha culpado directamente a Rusia por la guerra y ha reiterado su descontento con el rechazo de Kiev a un posible “intercambio” territorial.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, no participará en el encuentro, lo que refuerza la percepción de que no se trata de una conferencia de paz formal. Analistas europeos temen que Alaska pueda convertirse en una nueva “Yalta” —la histórica reunión de 1945 donde potencias aliadas trazaron zonas de influencia—, pero sin Ucrania presente en la mesa.
Entre las especulaciones, algunos expertos como George Beebe, exanalista de la CIA, consideran que podría surgir un marco preliminar para un acuerdo: Rusia aceptaría la integración de Ucrania en la Unión Europea a cambio de que se mantenga fuera de la OTAN. Sin embargo, el riesgo de que las conversaciones terminen sin avances es alto.
«Trump se enfrenta a un desafío diplomático lleno de riesgos, sin garantía de éxito», advierte Beebe.













