República Dominicana.– Catorce años después de haber ganado las calles para exigir el 4% del PIB para la educación, el balance sigue siendo gris. Esta vez no lo dice un opositor ni una ONG, lo admite el propio ministro de Educación, Luis Miguel De Camps: el país no está conforme con los resultados.
Con tono diplomático, De Camps reconoció que “aún persisten barreras estructurales”, que la permanencia escolar cae con la edad y que todavía la formación docente está lejos de ser ideal. Y aunque dice que “se ha avanzado”, también admite que no con la profundidad ni la velocidad que se espera. Traducción: seguimos atrapados en un sistema educativo caro y mediocre.
¿Entonces? ¿Qué se ha hecho con los más de 1,300 mil millones de pesos anuales que se han invertido desde el 2013? ¿Dónde están las aulas equipadas, los maestros bien preparados, los estudiantes motivados, los resultados que justifiquen la lucha que unió al país? Las respuestas siguen diluidas entre discursos optimistas y promesas recicladas.
Ahora De Camps plantea capacitar a 400 mil jóvenes en inglés técnico y formar a 140 mil técnicos al 2028. Nada mal. Pero mientras tanto, miles de padres están desesperados buscando cupo para inscribir a sus hijos. ¿Cómo se forman técnicos si no hay aulas ni maestros disponibles en muchas zonas del país?
El ministro menciona a Corea del Sur, Estonia e Irlanda como modelos a seguir. Pero allá la educación no se maneja como botín político, ni se improvisa con cada cambio de gestión. Allá la escuela es el corazón del país. Aquí, parece más un dolor de cabeza.
La verdad es que el 4% no ha fallado. Lo que ha fallado es su ejecución. Un país que invierte tanto en educación no puede seguir obteniendo tan poco. Ya no bastan discursos. Este pueblo merece resultados.










La idea era buena, pero como siempre, el dinero se queda en manos de contratistas, asesores y obras mal hechas. Mientras tanto, los estudiantes están sin pupitres.
Ese 4% ha servido para enriquecer a unos cuantos. Hay escuelas con aire acondicionado… en los papeles. En la práctica, los estudiantes pasan calor y sed.
Aquí se habla mucho del 4%, pero nadie rinde cuentas claras. La educación sigue igual de precaria en los barrios, y los hijos de los políticos estudiando en colegios privados con todo incluido.
Yo apoyé esa lucha con todo mi corazón, pero viendo cómo están las escuelas, los libros que no llegan a tiempo y los profesores mal pagados, uno se pregunta si ese 4% se está usando de verdad para lo que era.
Si no hay aulas, si no hay maestros, ¿cómo van a formar técnicos? El ministro está hablando bonito, pero viviendo en otro país.
Compararse con Corea del Sur es como jugar dominó con fichas prestadas. Aquí no hay visión ni planificación a largo plazo.
Decir que se ha avanzado “pero no lo suficiente” suena a excusa elegante. El sistema sigue en crisis, y eso no se maquilla.
¿Cómo es posible que después de 14 años sigamos sin ver un cambio visible en la educación? Eso es una estafa al futuro del país.
El problema no es el 4%, es que se lo comen en burocracia y politiquería. Lo que necesitamos es una gestión con voluntad real.
Si la educación fuera prioridad, no estuviéramos con este mismo bobo cada agosto
El 4% no falló, el que falló fue el que lo administró
Educación cara y mediocre, ¡esa sí es la verdadera definición de fracaso con presupuesto!
Ministro, menos palabras y más escuelas en condiciones, porque ya estamos hartos del mismo cuento
A 14 años del 4%, lo único que ha subido son los sueldos de algunos funcionarios
Corea del Sur y Estonia… pero aquí ni la pizarra tiene marcador
El problema no es solo el 4%, es que se lo gastan mal y nadie rinde cuenta
El 4% ta’ como el wifi de la escuela: prende, pero no funciona
Formación docente lejos de ser ideal? ¡Pero si ni pupitres tienen muchas escuelas, ministro!
El ministro dice que no avanzamos ‘con la velocidad esperada’… ¿y a quién le sorprende si están en neutro?
Con ese 4% han hecho de todo menos educar: contratos, asesores y PowerPoint, pero aulas vacías