República Dominicana.- Durante cuatro años, el presidente Luis Abinader ha insistido en que el dinero “rinde más” en su gobierno y que la economía dominicana está en su mejor momento. Pero los datos más recientes del Banco Central, sumados a las tensiones presupuestarias en instituciones clave como SENASA, desmienten el discurso optimista.
Porque si algo está claro es que la economía dominicana se está desacelerando. El crecimiento que en años anteriores se vendía como una proeza de gestión ahora ha perdido fuerza. ¿Y qué hace el gobierno? Negarlo. O peor aún, adornarlo con frases que ya no convencen ni al sector privado ni a los organismos internacionales.
En vez de reconocer la situación y tomar decisiones serias, el gobierno prefiere disfrazar la caída del dinamismo económico con frases vacías. Mientras tanto, el déficit fiscal crece, las recaudaciones se estancan y el endeudamiento sigue su curso.
Aunque el Banco Central insiste en que “la economía está recuperándose”, la calle dice otra cosa: los negocios venden menos, la gente está endeudada, y cada vez cuesta más llenar el tanque o la nevera.
Lo más preocupante es la incoherencia. Por un lado, Abinader niega que SENASA esté en crisis.
Por el otro, la directora del mismo organismo admite que enfrentan una «tensión presupuestaria» que afecta directamente los servicios. ¿Quién dice la verdad? ¿Quién está manejando realmente las finanzas públicas? Porque la narrativa de la eficiencia no cuadra con las cifras ni con la realidad.
Esto no es solo un asunto de un seguro médico. El problema es más grande. La desaceleración económica implica menos ingresos para el Estado, menos inversión, más presión para endeudarse, y eventualmente, más impuestos para el pueblo. ¿O acaso esa es la verdadera razón por la que siguen calentando motores para una reforma fiscal?
Mientras tanto, el vocero de la Fuerza del Pueblo, Samuel Sierra, lo resume con claridad: “El país está en déficit, no solo SENASA. Y lo peor es que el gobierno ha querido negarlo hasta que los números lo desmienten solos”.
Ya es hora de dejar de repetir cuentos. La economía no está creciendo como antes, los recursos no alcanzan, y el gobierno lo sabe. El problema es que no lo dice. O peor, lo dice a medias.












Con razón tanta bulla con la reforma fiscal. Ya se sabe quién va a pagar los platos rotos: nosotros.
Lo que da pique es que lo nieguen. Si asumieran el problema, al menos buscarían soluciones reales.
Hablan de economía “fuerte” pero uno no ve los cuartos por ningún lado. Solo deudas y más deudas.
¿Cómo van a decir que todo está bien si hasta SENASA está cogiendo lucha? Eso no cuadra.
El pueblo no es ciego ni sordo. Uno lo vive día a día cuando va al colmado o al súper.
A abinader hay que sacarlo de ahí con to y su grupo
Peor es el que le cree a ese señor
Los supermercados parecen museos: uno va a mirar, no a comprar. Pero según el presidente, todo va viento en popa. ¿En qué país vive él?
¿Milagro económico? Será para unos pocos. La mayoría seguimos contando los pesos para llegar a fin de mes mientras ellos celebran estadísticas que nadie siente.
El ‘milagro económico’ solo lo ven los que están en la cima. Para el ciudadano común, la realidad es un viacrucis diario entre deuda, inflación y desempleo.
Dicen que la economía está creciendo, pero lo único que crecen son los precios. El bolsillo del pueblo está en terapia intensiva.
El país de las maravillas del presi
Eso solo existe en la mente del presidente y sus secuaces
Es mejor que hablen claro y busquen soluciones, porque la gente está cansada de cuentos.
Lo que viene con ese déficit es otro paquetazo de impuestos, eso es lo que huele.
El Banco Central habla de recuperación, pero en mi negocio las ventas están por el piso.
Si hasta SENASA admite problemas, ¿cómo quieren que uno les crea que todo está bien?
Cada vez que voy al colmado me doy cuenta que el dinero no rinde nada, eso no lo tapa ningún discurso.
El único crecimiento real es el de la deuda externa. Lo demás es puro cuento chino con acento dominicano
Déficit fiscal? Eso ya no cabe en un Excel. Y todavía hablan de reforma fiscal como si el pueblo aguantara más