Las calles de varias ciudades y localidades de Serbia volvieron a llenarse este jueves de manifestantes, en medio de una ola de protestas antigubernamentales que, según medios locales, se intensificaron la víspera con episodios de violencia.
El miércoles se registraron numerosos incidentes, incluidos choques entre manifestantes y simpatizantes del gobernante Partido Progresista Serbio (SNS), así como enfrentamientos directos entre la Policía y ciudadanos.
En Nueva Belgrado, la multitud se concentró primero frente a la comisaría de Policía para exigir la liberación de los detenidos, y luego marchó hacia la sede del SNS. Allí, algunos participantes lanzaron piedras, botellas, bengalas y pirotecnia contra miembros de la Gendarmería, e intentaron romper las ventanas de un edificio gubernamental.
La Policía respondió con gas lacrimógeno y espray pimienta, dispersando la multitud y estableciendo un cordón alrededor de las instalaciones del partido oficialista.
El presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, acusó este jueves a países occidentales de financiar e impulsar una “revolución de colores” para desestabilizar al país.
“Estamos luchando contra la poderosa maquinaria de los países occidentales que quieren romper la columna vertebral de Serbia con una revolución de colores”, afirmó, señalando que se han invertido grandes sumas de dinero en estas protestas, algunas de ellas violentas.
Estos acontecimientos se suman a meses de tensión social en Serbia. Las manifestaciones actuales tienen sus raíces en el derrumbe mortal de una marquesina de hormigón en una estación de tren en Novi Sad, en noviembre de 2024. La crisis escaló a finales de junio de 2025, cuando el Gobierno de Vucic rechazó un ultimátum de grupos estudiantiles que exigían la disolución del Parlamento, amenazando con iniciar una “desobediencia civil” si no se cumplían sus demandas.
Las autoridades serbias han insistido en que las protestas forman parte de un plan orquestado desde el extranjero para desestabilizar al país.











Lo que empezó como una demanda puntual ahora es un conflicto político profundo.
Las imágenes que llegan muestran un país al borde de una crisis mayor.
Si hay influencia extranjera, sería grave, pero también hay que escuchar al pueblo.
Es preocupante cuando las protestas legítimas terminan en enfrentamientos.
La situación en Serbia parece cada vez más tensa, ojalá se pueda evitar más violencia.