La tensión diplomática creció en Europa Central luego de que Eslovaquia y Hungría denunciaran que los recientes ataques ucranianos contra el oleoducto Druzhba ponen en riesgo directo su seguridad energética.
El canciller eslovaco, Juraj Blanár, calificó como “inaceptable” cualquier amenaza al suministro de crudo ruso, subrayando que la estabilidad energética de su país depende de ese corredor. En la misma línea, su homólogo húngaro, Peter Szijjarto, advirtió que sin el flujo constante de petróleo, la seguridad de ambos Estados miembros de la UE se vería gravemente afectada.
La situación ya tiene efectos inmediatos: el transporte de crudo ruso hacia Hungría quedó paralizado por tercera vez en el año, tras los nuevos bombardeos. Las autoridades de Bratislava y Budapest enviaron una carta a la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, y al comisario de Energía, Dan Jorgensen, exigiendo a Bruselas que cumpla su compromiso de garantizar la estabilidad del suministro.
“Sin este oleoducto, la seguridad energética de nuestros países simplemente no es posible”, sostuvieron. Según las previsiones, la interrupción podría extenderse por al menos cinco días.
En respuesta, Ucrania defendió sus ataques y cuestionó a Hungría por mantener vínculos con Moscú. El viceministro de Exteriores ucraniano, Andréi Sibiga, ironizó en redes sociales: “Hungría lleva años ignorando las advertencias de que Rusia es un socio poco confiable. Ahora pueden dirigir sus quejas a sus amigos en Moscú”.











