Los incendios forestales que arrasan España este verano han golpeado con especial dureza a las provincias más envejecidas, donde el drama no solo es el fuego sino también la fragilidad de sus habitantes. En Zamora, la región con mayor proporción de personas mayores de 80 años, cientos de ancianos fueron evacuados a refugios improvisados, donde pasan los días entre el dominó, las cartas y la incertidumbre.
“Su mayor miedo es perderlo todo”, admite la alcaldesa de Benavente, Beatriz Asensio, quien acompaña a los desalojados en un centro de negocios convertido en albergue. Para muchos de ellos, la idea de reconstruir tras el fuego resulta impensable: no hay dinero, ni fuerzas, ni tiempo suficiente.
Las cifras respaldan esa vulnerabilidad. Zamora y Orense, las provincias con más población longeva, son también las más golpeadas por los incendios que en agosto han devastado más de 350.000 hectáreas y dejado cuatro muertos. En cada desalojo, la Guardia Civil recuerda a los ancianos que lo esencial es salvar la vida y llevar lo indispensable: medicinas, ropa ligera, un teléfono y, si hay suerte, la esperanza de volver.
El fuego ha dejado tras de sí historias de resignación y miedo. Amelia Bueno, de 79 años, no se resigna a perder las vacaciones de toda una vida en Ribadelago Nuevo, pese a haber sido evacuada. Pedro Fernández, de 85 años, teme que la casa heredada de su padre en Vigo de Sanabria desaparezca en las llamas: “Volver a empezar a mi edad no tendría sentido”.
Aunque algunos pueblos lograron salvarse, en otros las llamas arrasaron lo que generaciones construyeron. Y en una España envejecida, donde cada incendio se convierte en amenaza existencial, la pregunta que queda flotando es si esos recuerdos, esas casas y esas vidas tendrán fuerza para resistir otro verano.













Eso da pena mano, uno en esa edad no está pa’ esos trotes
Pobres viejitos, sin fuerza pa’ volver a empezar
Dios mío qué tragedia con esos fuegos allá en España