Los líderes de la Unión Europea se reúnen este jueves en Bruselas con el desafío de asegurar financiación a largo plazo para Ucrania, en medio de desacuerdos internos sobre la posibilidad de utilizar los activos rusos congelados como respaldo de un préstamo estimado en 90.000 millones de euros.
La cumbre coincide con un momento clave de las negociaciones de paz en curso y contará con la presencia del presidente ucraniano, Volodímir Zelensky, quien participará como invitado, según confirmó el presidente del Consejo Europeo, António Costa.
Uno de los principales focos del debate está en Bélgica, país que alberga a Euroclear, la entidad que custodia la mayor parte de los activos rusos inmovilizados en Europa. El Gobierno belga ha expresado su rechazo a la propuesta impulsada por la Comisión Europea, al advertir sobre posibles riesgos legales derivados de futuras reclamaciones por parte de Rusia, una posición que dificulta alcanzar un consenso entre los Estados miembros.
En los días previos a la cumbre, se intensificaron los contactos diplomáticos. El primer ministro belga, Bart de Wever, sostuvo reuniones con el canciller alemán, Friedrich Merz, y con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para analizar la viabilidad jurídica del plan.
Según fuentes diplomáticas, la propuesta comunitaria contempla mecanismos de protección para reducir al mínimo los riesgos que asumiría Bélgica, incluyendo un sistema de liquidez que permitiría responder de forma rápida ante eventuales demandas judiciales. No obstante, Bruselas insiste en buscar alternativas que considere más seguras, como la emisión de deuda conjunta para financiar un préstamo a Ucrania, una opción que cuenta con el respaldo de varios países, entre ellos Italia, Malta, Bulgaria y la República Checa.
Desde Bélgica también reclaman que cualquier fórmula incluya la totalidad de los activos rusos congelados en la UE y no solo los depositados en Euroclear, así como garantías ilimitadas que cubran posibles responsabilidades futuras.
La Comisión Europea, por su parte, centra su propuesta en los cerca de 210.000 millones de euros inmovilizados en territorio comunitario. El recurso a la deuda conjunta sigue enfrentando el bloqueo de países como Hungría, lo que impide alcanzar la unanimidad necesaria. Aun así, se mantiene abierto el debate sobre el uso de mecanismos excepcionales previstos en los tratados europeos para sortear el veto.
En este contexto, António Costa enfrenta la tarea de acercar posiciones entre los Veintisiete en una cumbre que también estará marcada por otras tensiones políticas, como el futuro del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur, cuya firma ha sido cuestionada por países como Francia e Italia.












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