Japón dio un paso decisivo hacia el regreso de la energía nuclear al aprobar la reanudación de operaciones en la central Kashiwazaki-Kariwa, la más grande del mundo por capacidad instalada, casi 15 años después del desastre de Fukushima.
La asamblea de la prefectura de Niigata respaldó al gobernador Hideyo Hanazumi, quien avaló el reinicio de la planta como parte de la estrategia para reducir la dependencia de combustibles fósiles importados y fortalecer la seguridad energética del país.
Ubicada a unos 220 kilómetros de Tokio, la central —propiedad de TEPCO— fue cerrada tras el terremoto y tsunami de 2011. Con esta decisión, se convertiría en la primera planta de la empresa en reanudar operaciones desde Fukushima. Hanazumi subrayó que el reinicio estará condicionado a estrictas garantías de seguridad para la población.










La reapertura puede fortalecer la economía y la estabilidad eléctrica del país
Para muchos es positivo porque ayuda a reducir la dependencia de combustibles importados
Es una decisión grande que muestra cómo Japón busca asegurar su energía a largo plazo