¿Sabía usted que la República Dominicana figura entre los tres países de América Latina con las tasas más altas de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas?
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Es importante hacer una precisión. Aunque estamos acostumbrados a escuchar el término feminicidio cada vez que una mujer es asesinada, este concepto se refiere específicamente a la muerte de una mujer por razones de género o por su condición de mujer. En cambio, cuando el crimen es cometido por su esposo, pareja o expareja, el término jurídico más preciso es uxoricidio.
Más allá de las diferencias conceptuales, la realidad es la misma: mujeres que pierden la vida a manos de quienes un día dijeron amarlas.
Y las cifras son alarmantes. Durante 2024, República Dominicana registró más de 70 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. Detrás de cada número hay una vida truncada, una familia destruida y niños que quedan marcados para siempre. Solo ese año, más de 54 menores quedaron en condición de orfandad.
En 2025, las estadísticas oficiales contabilizaron 49 casos. Y en lo que va de 2026, la violencia contra la mujer continúa ocupando titulares casi a diario. Las cifras preliminares ya superan las 30 víctimas mortales, en su mayoría asesinadas por parejas o exparejas.
La emergencia sigue activa. Organismos internacionales continúan señalando al país como uno de los más afectados por este tipo de violencia en la región.
Y ante esta realidad surge una pregunta inevitable: ¿Qué está fallando?
Porque todos conocemos historias de mujeres que acuden a una fiscalía en busca de ayuda y protección.
Sin embargo, muchas veces se enfrentan a procesos lentos, falta de seguimiento, escasa protección o respuestas que no llegan a tiempo.
Por eso, este debe ser un llamado directo a las autoridades pertinentes. Presten atención a esta situación. Escuchen las denuncias. Evalúen adecuadamente los niveles de riesgo. Refuercen los mecanismos de protección. Den seguimiento oportuno a cada caso antes de que sea demasiado tarde.
Porque cuando una mujer cruza la puerta de una institución para denunciar violencia, no está realizando un simple trámite. Está buscando protección. Está pidiendo ayuda. Y, en muchos casos, está intentando salvar su vida.
Cuando las instituciones fallan, las consecuencias pueden ser irreparables. La mayoría de estos casos no ocurren de la noche a la mañana.
Antes del desenlace fatal suelen existir amenazas, agresiones, persecuciones, acoso o denuncias previas que constituyen señales de alerta.
La pregunta es: ¿Estamos identificando esas señales a tiempo?
La lucha contra esta tragedia no puede recaer únicamente sobre las víctimas. Se necesita prevención desde el hogar, educación en valores, atención efectiva a las denuncias y un compromiso firme de toda la sociedad.
Porque detrás de cada cifra hay una historia. Porque detrás de cada número hay una familia rota. Porque ninguna mujer debería morir después de haber pedido ayuda.
















Que está pasando en este país, ni una más
La educación en valores y el respeto debe comenzar desde el hogar y las escuelas
Es fundamental fortalecer los mecanismos de protección para las víctimas de violencia
Detrás de cada estadística hay familias que sufren pérdidas irreparables
La prevención y la intervención temprana pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte
Ninguna denuncia debe ser ignorada cuando la vida de una persona puede estar en riesgo
La violencia contra la mujer sigue siendo una de las problemáticas más graves que enfrenta República Dominicana