El último ataque israelí en Beirut dejó al país en alarma y reactivó el temor de que estalle otra guerra, justo cuando la población aún no se recupera del conflicto del año pasado. El bombardeo del domingo, que alcanzó un edificio en los suburbios del sur de la capital y mató a un alto miembro de Hezbolá, es considerado una peligrosa escalada en una situación ya frágil.
En el campamento palestino de Burj al-Barajneh, vecinos comentaban desde sus balcones el impacto del ataque, recordando los daños sufridos en 2023 cuando las bombas sacudieron el área sin impactar directamente el campamento. Aunque el cese al fuego firmado hace un año redujo la intensidad del conflicto, los ataques israelíes nunca se detuvieron del todo en el sur del país y en zonas del valle de la Bekaa.
La guerra pasada dejó más de 4,000 muertos en el Líbano y más de 1.2 millones de desplazados. Muchas comunidades del sur continúan destruidas o inaccesibles, mientras drones y aviones militares israelíes siguen sobrevolando la zona a diario.
Hezbolá calificó el ataque en Beirut como una “línea roja cruzada”, pero expertos aseguran que el grupo no está en condiciones de responder militarmente, no solo por el desgaste interno, sino también porque gran parte de la comunidad chií teme revivir la devastación del último conflicto.
En barrios de Beirut como Basta o Burj al-Barajneh, el temor es evidente. Familias expresan miedo a dormir por los constantes bombardeos y por la posibilidad de que Israel extienda los ataques a otros campamentos palestinos.
En el sur, muchas aldeas permanecen vacías por el peligro y por los cinco puntos fronterizos que Israel continúa ocupando. Aunque algunas personas han comenzado a reconstruir sus hogares, la incertidumbre no ha cesado. La población teme una nueva ofensiva que podría ser incluso más devastadora que la anterior.











La gente allá no aguanta otro conflicto
Cada ataque así acerca más una guerra grande
Eso en Beirut está prendido otra vez