En Portugal, la variante delta del coronavirus está fuera de control y la situación epidemiológica se ha agravado en las últimas horas, con las capas de la población jóvenes como las más afectadas ya que todavía no han accedido a la vacunación. Si el área metropolitana de Lisboa está cerrada los fines de semana, es ahora el Algarve la región que ha obligado a las autoridades a tomar una determinación a la desesperada: las escuelas vuelven a echar la persiana, una medida que entró en vigor este lunes 28 de junio.
La enseñanza presencial se había retomado en todo el país con el objetivo de poder finalizar el curso de una manera similar a la ‘normal’ y con el fin añadido de que los alumnos pudieran despedir el año con un aire de optimismo y hasta de celebración. Pero nada más lejos de la realidad porque Faro, Albufeira, Lagos o Loulé han tenido que recular de manera drástica para frenar el avance de la infección.
Las particularidades de los nuevos pacientes retratan que la intensidad del virus no es tan alta como en embestidas anteriores, pero la contrapartida es que los contagios se producen a una velocidad de vértigo en esta época en que los chavales comienzan a acercarse a las playas en esta zona, la más turística del Portugal del continente.
La representante de Salud en Faro, Ana Cristina Guerreiro, ha declarado que la iniciativa durará 12 días, coincidiendo con el final del periodo lectivo. «Es por precaución», señaló después de que se registrara un brote de 814 casos y de que la tasa se disparase hasta los 583 en Albufeira, 448 en Loulé, 403 en Olhao y 329 en Faro.
«Tenemos que cortar esas cadenas de transmisión y por eso es mejor que esos alumnos se queden en sus casas. En caso contrario, la situación puede agravarse», manifestó Guerreiro.










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